En este esquema (esquema 6) vemos la interacción entre la subjetividad humana y la objetividad divina. En el centro está la memoria en la que se va archivando el input que penetra en ella a través de los sentidos (ver artículos VI y VII). Cuando la nafs necesita recoger algo de ese input, va a la biblioteca de la memoria y toma la información que precisa. Esta información provocará una reacción automática o será analizada por las capacidades cognoscitivas de la nafs. Sin embargo, incluso en el caso de que dicha información sea analizada, en la mayoría de los casos lo será siguiendo únicamente su subjetividad –el input que entra es escaneado por la subjetividad de la nafs, haciéndole creer que se trata de la realidad. Más aún, ese input ya es en sí subjetivo o casi subjetivo, ya que la mayor parte de los bloques de información que recibimos provienen de la cultura y de los elementos de la subjetividad humana –libros, teorías, films, credos, interpretaciones… Este hecho inducirá a las nafs a tener una imagen deformada de la realidad.

Para evitar este desenfoque necesitaremos un tercer elemento –la objetividad de Allah, el código real, a través del sistema profético: El Qur-an y la Hikmah o sabiduría aplicada de los Profetas. Este tercer elemento actuará como una criba del input que puja por entrar en la memoria de la nafs. No sólo esto, las capacidades cognoscitivas analizarán la información que haya pasado los controles, siguiendo la objetividad profética, y no nuestra subjetividad.

Sin embargo, estas corrientes de interconexiones no siempre fluyen libremente. Como vemos en el esquema, puede haber cortes del flujo de información o distorsiones, de manera que la objetividad divina quede alterada y se transforme en otro modo de manifestarse la subjetividad.

Por lo tanto, para que este aparato funcione debidamente deberá estar activada la consciencia, la luz que permitirá ver a la nafs el proceso de adquisición por parte de los sentidos de la información que desea entrar y llegar al estanque o memoria de la nafs.

Si la consciencia no está activada, gran parte del funcionamiento humano estará dirigido por el automatismo y no por la reflexión o el análisis. No obstante, para algunas funciones el automatismo es una bendición –no tenemos que aprender a leer cada día, a nadar, a conducir, a comer, a vestirnos… Sin embargo, para otras funciones es su peor enemigo, una especie de ghaflah, de olvido, de negligencia, que nos sumerge en la más absoluta inconsciencia, como en el caso, por ejemplo, de los actos de adoración –la salah, el wudu y otros.

El funcionamiento completo y óptimo de este mecanismo se deberá desarrollar siguiendo las siguientes fases:

1) La consciencia está activada.

2) El input entra en la nafs tras ser escaneado por la objetividad divina, el Qur-an y la Hikmah profética. Durante este proceso selectivo la consciencia está activada y, por lo tanto, no hay automatismo.

3) A continuación, este input, este bloque de información, se archiva en la biblioteca de la memoria con el objetivo de poder ser utilizado siempre que se necesite. En este caso, la información entra en el aparato del fuad y es analizada por las capacidades cognoscitivas de la nafs. El resultado se envía a la biblioteca donde interaccionará con el resto de la información. Este intercambio reflejo de análisis es continuo y fructífero siempre que la consciencia esté activada. A través del proceso descrito nuestra base de datos se va objetivando hasta perder una buena parte de la perturbadora subjetividad, origen y causa de todos los conflictos humanos.

Cuando este aparato no funciona debidamente –la consciencia está desactivada o se interrumpe su flujo de luz o no utilizamos la plantilla objetiva del Qur-an– nuestra visión estará deformada y nos dará una imagen errónea de la realidad, una imagen subjetiva que entrará en colisión con las imágenes subjetivas de los demás.

Veamos un ejemplo. La mayoría de los occidentales aceptan hoy la homosexualidad como algo normal, natural e incluso como una actitud superior a la heterosexualidad. Esta aceptación es el producto de un análisis subjetivo basado en una información subjetiva –concepto de libertad, derechos humanos, permisibilidad humanista, derecho inviolable a desear y amar… y otros argumentos. Si nos oponemos subjetivamente a la homosexualidad, las discusiones y los conflictos no tendrán fin. Por ello, dejamos entrar en la biblioteca de la memoria información objetiva procedente del Qur-an.

(80) Y enviamos a Lut para que advirtiera a la gente de ese lugar: “¿Cultiváis la indecencia que nadie antes ha cometido en ninguno de los dominios? (81) ¿Satisfacéis vuestros deseos con los hombres en vez de con las mujeres? ¡Qué gran iniquidad lo que hacéis!” (82) Mas la única respuesta que obtuvo de la gente fue: “¡Echadlos de la ciudad! Les gusta la pureza.”
Sura 7 – al ‘Araf

El juicio de Allah el Altísimo es claro. Ahora el hombre tiene dos opciones –rebelarse contra la objetividad divina o renunciar a su subjetividad.