La pandemia en television.

Jon Rappoport para Jon Rappoport.blog

Debería ser obvio para todos, excepto para las mentes más obtusas, que los presentadores de noticias de televisión, sus guionistas y editores nunca cuestionan las siguientes (falsas) afirmaciones:

-El SARS-CoV-2 es real. Fue descubierto y secuenciado.

-La prueba del virus es precisa.

-Cada prueba positiva denota un “caso de COVID-19”.

-Los números de casos y muertes son exactos.

-Las mascarillas, el distanciamiento y los confinamientos son necesarios para evitar una mayor propagación del virus.

-La vacuna COVID es segura y eficaz.

No obstante, las personas que se vacunan deben seguir usando mascarillas y limitar su contacto con grupos que no sean familiares.

Los ciudadanos aceptan estas presunciones sin ningún tipo de análisis. Están siguiendo el dictado de las agencias de salud pública (CDC, OMS).

Por tanto, ¿qué valor tiene la noticia? En lugar de retransmisiones elaboradas, ¿por qué las cadenas no presentan simplemente, una vez al día, anuncios de los portavoces de los CDC enviados desde sus insípidas oficinas burocráticas?

La respuesta, por supuesto, es: anuncios. Ingresos por publicidad. Se espera que las agencias de noticias ganen dinero. No son organizaciones benéficas.

Las noticias son negocios.

Lester Holt (NBC) gana $10 millones al año. Norah O’Donnell (CBS) gana $6 millones al año. David Muir (ABC) gana $5 millones al año. Wolf Blitzer (CNN) gana $5 millones al año.

Las noticias también disfrazan el contenido. En lugar de que un burócrata de los CDC diga: “4000 nuevos casos en Michigan hoy”, Norah puede decir “INFORME ALARMANTE DE 4000 NUEVOS CASOS EN MICHIGAN”, con imágenes de cuadros y gráficos, imágenes de personas esperando en la fila para vacunarse, personal de laboratorio jugando con viales, personal de EMT llevando a un paciente por un pasillo del hospital y Anthony Fauci sentado en la Oficina Oval frente a Joe Biden.

Palabras del gobernador de Michigan desde un podio: “La pandemia está lejos de terminar. Tenemos mucho trabajo por hacer…”

Un general con uniforme de gala le dice a Norah: “En este momento, estamos trabajando en una vacuna que protegerá contra cualquier virus, incluso contra los que nunca hemos visto o descubierto …”

Durante 60 segundos, dos cabezas parlantes ofrecen puntos de vista sobre “la dispensación desproporcionada de la vacuna a las comunidades minoritarias”.

Un director deportivo asistente de la Universidad de Michigan especula sobre si este otoño se jugará en un estadio lleno.

Y “volveremos después de esto”.

ANUNCIOS. Medicamento que provoca ataques cardíacos. Medicamento que causa daño cerebral. Un anuncio de servicio público para la vacunación COVID. Camión Chevy. Avance del próximo estreno de una nueva serie policial en la CBS. Un dólar por un desayuno especial de hamburguesa doble con papas fritas y huevo, bacón y queso en McKing. Ahorre dinero en su seguro de automóvil, haga clic o llame. Pizza de masa gruesa o fina, cuadrada o redonda. Una droga que hace que se te caiga el cabello. Neumáticos que sostienen la carretera en el Ártico. Presentación del próximo especial: A Life Well Lived, the Man Who Changed America: Anthony Fauci.

Y … volviendo a las noticias.

Eso no es un trabajo duro. No es un trabajo inteligente. Ciertamente no es un trabajo de investigación.

A decir verdad, miles de personas podrían hacerlo, podrían encabezar la cobertura de noticias de cualquier cadena de televisión. Dejando de lado la calidad de la educación estadounidense, todavía hay MUCHAS animadoras, estudiantes de teatro, atletas y necios seguros de sí mismos que saben leer y escribir, que están en la escuela secundaria y en la universidad, que podrían reemplazar a estos costosísimos presentadores y hacer su trabajo

Si examinamos las biografías de Lester Holt y David Muir, por ejemplo, encontraremos que trabajaron como presentadores locales, es decir, lectores de noticias. También, de forma cercana y personal, “cubrieron puntos calientes de todo el mundo” –Accidentes aéreos, revoluciones, huracanes. En otras palabras, hablaron con fuentes oficiales en esos lugares, y repitieron las versiones oficiales de los hechos, mientras estaban parados debajo de un paraguas, azotados por la lluvia o en los tejados de la ciudad al anochecer llevando una campera o un chaleco antibalas estilo Dan Rather.

No hace falta decir que los buscadores de talento de las redes buscan estrellas jóvenes que sean INCURIOSAS. No excavar en las historias. En su lugar, moverse horizontalmente sobre la capa superior y encontrar puntos óptimos que se alineen con los objetivos políticamente designados, cuando sea necesario.

“Me gusta mucho este chico de Cincinnati. Tiene buenos dientes, una mandíbula fuerte y su cabello parece hecho de hierro. Barítono suave. Sonrisa modesta ocasional.”

“Sí, no sé. Es Clark Kent. Demasiado directo.”

“Podemos trabajar con eso. Viajes por carretera. Envíalo a Ucrania por unas semanas, Polonia, El Salvador. Dale un poco de condimento. Oye, David Muir está bien y parece que acaba de salir de un catálogo de ropa interior masculina.”

“El chico de Cincinnati jugó al fútbol en una pequeña universidad en Nebraska. Podríamos ponerlo con los Bengals informando sobre cuestiones raciales. Eso debería darle una ventaja o dos …”

“Espera. Aquí hay una bandera roja. Hace tres meses, tuvo a este abogado en su transmisión. El abogado está entablando una demanda contra un laboratorio universitario. Afirma que la prueba COVID PCR está arrojando falsos positivos como una manguera anti incendios.”

“Tonterías.”

“No. Nuestro chico trató de llevarlo más lejos. Trajo a un equipo al laboratorio de la universidad. Recibí algunas citas de técnicos de allí.”

“Eso no es bueno. Es un presentador y cree que está en las noticias.”

De hecho, eso no es bueno. Los presentadores no son noticia. No lo descubren. Toman lo que hay allí y lo hacen parecer importante.

Tú o yo podríamos ir a un departamento de teatro de la universidad, pararnos frente a un centenar de estudiantes y decir: “Estamos buscando personas que puedan leer textos sin errores y hacer que suene importante”.

Y listo, descubriríamos algunos hombres y mujeres jóvenes que podrían, con unas pocas semanas de entrenamiento, asumir el papel de presentadores de noticias de la televisión local y hacer un trabajo creíble.

En la historia de las noticias televisivas, conozco dos presentadores de redes de elite que, no tanto por su cobertura de historias, sino por su manera y actitud, transmitieron una insatisfacción significativa con sus roles, sus limitaciones y sus encarcelamientos virtuales: Peter Jennings y Jessica Savitch.

Jennings se presentó como “el hombre que sabía más, pero no tenía permitido denunciarlo”. Savitch era un tigre enjaulado en un circo, paseando de un lado a otro de su celda, enojado, con ganas de romper los barrotes y saltar. Savitch murió a los 36 años, Jennings a los 67.

Jennings logró mantener en su personal, durante seis años, a un periodista médico REAL, el fallecido Nick Regush. Regush pasó muchas horas excavando bajo la superficie. Por ejemplo, en 1999, en un informe de ABC, expresó serias dudas de que existiera el virus de la hepatitis C. Tras su salida de la red, se hizo eco de ese informe:

“Considere esto como un desafío al progreso. Esta aventura científica plantea la cuestión de si el virus de la hepatitis C, al que se atribuye una gran epidemia silenciosa de enfermedad hepática e incluso cáncer, existe realmente. Así es. Ha leído correctamente: estoy planteando una pregunta que puede inquietar tanto a los científicos como a los pacientes con hepatitis C. Pero la planteo de todos modos porque es vital hacerlo en interés de la salud pública. Estoy desafiando a la comunidad científica para que me presente la evidencia científica publicada y revisada de que tal virus existe realmente, es decir, que ha sido aislado adecuadamente, de acuerdo con los principios fundamentales aceptados por la virología.”

Si Regush trabajara hoy para la ABC, duraría unos cinco minutos antes de ser despedido.

SONDAS: Ante todo, las noticias encubren la realidad de unos Estados Unidos responsables de todas las guerras y golpes de estado que tienen lugar en el mundo, desde hace 400 años. Una veces de forma directa –Vietnam, Afganistán, Iraq… otras, de forma encubierta, cada vez menos encubierta –Libia, Egipto, Siria, Yemen, Hong Kong, Venezuela, Bolivia…

El discurso estadounidense se mueve de forma sicópata como en una película policíaca. La policía acaba de detener a un hombre que acuchillaba a una mujer. El hombre llora, gimotea, balbucea palabras inconexas –no era mi intención hacerle daño; solo quería ayudarle, estaba sola y yo… La policía no sale de sus asombro –pero entonces, por qué la acuchillabas. El hombre responde con siniestra frialdad –La gente no sabe lo que quiere; está confusa, desquiciada; tan solo intentaba ayudarle. Y mientras pronuncia la última sílaba le clava el cuchillo a uno de los policías -¡Qué demonios haces! El hombre le raja la cara y le saca un ojo –Pensé que era lo mejor para todos; seguro que tiene problemas familiares. Los policías, aterrados, intentan convencerle para que suelte el cuchillo –Es mi derecho estar armado; hay delincuentes por todas partes, amenazas, terrorismo. Ahora introduce su cuchillo en las tripas de otro policía –Esto es intolerable; deberíamos llevarle ante un juez…

¿Por qué ocurren, constantemente, estas escenas? Porque no existe un poder real y fáctico capaz de quitarle el cuchillo a ese homicida. Hablan con él los policías, como si el asunto no estuviese claro, como si lo correcto y lógico no fuera ponerle las esposas y llevárselo a comisaria.

Después de llamarle asesino, cruel, sin alma… Después de introducir nuevas sanciones, Biden le propone a Putin reunirse con él en algún lugar “neutral” para hablar… Y Putin acepta, como si no viera los cuerpos de sus compañeros rajados y mutilados, como si fuera posible hablar seriamente con un sicópata.

Y aquel hombre seguirá matando gente, matando policías… y éstos seguirán tratando de convencerle de que no lo haga, pero sin quitarle el cuchillo, sin desarmarle.