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Washington, Israel y Turquía han conspirado para destruir y dividir Siria, y ahora se enfrentan a un conflicto entre ellos. Es suficiente para ponerte del lado de los terroristas.
Un comité del gobierno israelí ha aconsejado que Israel debe prepararse para la guerra con Turquía, sospechosa de tener intenciones de restaurar el Imperio Otomano, lo que interferiría en los planes de Israel para un Gran Israel. Una guerra de ese tipo plantearía un dilema a Washington. Turquía es un miembro de la OTAN, en cuya ayuda Washington debe acudir. Pero ¿cómo puede Washington ir a la guerra contra Israel cuando Israel es dueño de los medios de comunicación estadounidenses, el sector financiero, el entretenimiento, las universidades de la Ivy League y otras, y el Congreso? No es de extrañar que Trump quiera deshacerse de la OTAN, ya que ésta le quita la toma de decisiones.
Tal vez la destrucción de Siria resulte en beneficio de Rusia después de todo, al aliarse Rusia con Turquía en el conflicto, lo que significaría una derrota para Washington e Israel.
La perspectiva para los árabes es terrible. Su antagonismo mutuo –suní-alauita-chiíta– los ha dejado impotentes durante siglos y bajo el gobierno de otros. La destrucción de Libia, Irak y Siria y el aislamiento del pequeño Líbano han dejado a Arabia Saudita como el único país árabe restante. En su último comunicado el gobierno de Israel ha incluido una gran parte de Arabia Saudita en el Gran Israel.
Hace décadas, la política de Estados Unidos era apoyar y limitar a Israel, manteniendo al mismo tiempo buenas relaciones con el mundo árabe/musulmán, pero con la llegada del incompetente, y en mi opinión malvado, régimen de George W. Bush, los neoconservadores sionistas que controlaban el gobierno de Bush utilizaron el 11 de septiembre para alinear a Estados Unidos contra los “terroristas árabes” y comenzaron la eliminación de estados árabes en beneficio de Israel. El objetivo anunciado por los neoconservadores sionistas –“siete países en cinco años”– llevó más tiempo, pero en esencia se ha logrado. Sólo quedan Líbano y Arabia Saudita mientras la desaparición de Siria ha dejado a Hezbolá aislado y como un blanco fácil para Israel.
Tal vez Israel y Turquía puedan llegar a un acuerdo sobre su división del mundo árabe. Como Irán no es árabe y el mundo árabe ya no existe en forma de estados, es probable que Israel, como indica el comité gubernamental, desvíe su atención de Irán a Turquía.
Trump también está centrado en el imperio. Dice que quiere agregar Canadá, Groenlandia y el Canal de Panamá a los Estados Unidos. Como él mismo tiene en mente la expansión del imperio, ¿cómo se puede oponer a la creación de Gran Israel y a la restauración del Imperio Otomano?
Si Trump apoya a Israel en el conflicto de Israel con Turquía, y creo que no tiene otra opción, la OTAN perderá Turquía en beneficio de Rusia. Si se firma este mes el Pacto de Paz ruso-iraní, Rusia tendrá un colchón en el sur.
En vista de los dramáticos acontecimientos recientes, revisemos la correlación de fuerzas. La destrucción de Siria parece destinada a aliar a Turquía con Rusia contra Israel y Washington. Si se firma el Pacto de Paz ruso-iraní y si éste significa algo, Rusia será potencialmente la principal potencia en Oriente Medio. Sin embargo, la preferencia de Putin por evitar el conflicto y firmar acuerdos sin sentido sugiere que Rusia no tendrá el liderazgo estratégico y militar para prevalecer a pesar de su posición preeminente. Los dirigentes chinos también interpretan mal la situación. China, centrada sólo en ganar dinero, está presionando a Rusia para que negocie –no gane– un final al conflicto con Ucrania, de modo que China pueda evitar las sanciones estadounidenses y continuar con su programa de hacer dinero. Según algunos informes, gran parte de los BRICS lo ven de la misma manera. El dinero por encima de todo.
Teniendo en cuenta las confusiones y las percepciones erróneas que gobiernan en las grandes potencias, el riesgo es que el conflicto se salga de control y se produzca una gran guerra. Me he estado oponiendo y repetidamente he advertido de esta guerra, que ha estado esperando a que la produzca la estupidez de los hombres.
Ahora que el establishment se ha unido a Trump, podríamos ver una redefinición de “hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande”. Las ganancias y un aumento de la hegemonía estadounidense con la adquisición de Canadá, Groenlandia y el Canal de Panamá pueden convertirse en la medida de esta grandeza, al tiempo que el regreso de los empleos estadounidenses, el imperio de la ley y las fronteras cerradas pueden caer en el olvido mientras se despliega la bandera del imperio.

SONDAS: Quizás sea pronto para un análisis en profundidad de la situación que se está viviendo en Siria. De momento, todo está hilvanado.
El Gobierno Provisional Sirio, con sede en la ciudad turca de Gaziantep, todavía no ha reconocido oficialmente al Gobierno de Salvación del Hay’at Tahrir al-Sham (HTS) en Damasco ni se ha disuelto. Lo último que han dicho es que ambos gobiernos se mantienen en contacto a través de la Coalición Nacional para las Fuerzas de la Revolución y la Oposición Siria.
Los alauitas en Latakia entregaron las armas y les va mal.
El Ejército Nacional Sirio (ENS), apoyado por Turquía en el noroeste del Éufrates, sigue sin entregar sus armas. En su última reunión con el nuevo Ministro de Defensa acordaron integrarse en el nuevo ejército, pero con estatuto especial. No va a funcionar.
Los drusos en el As-Suwayda, en el sur, en la frontera con Jordania, se niegan a entregar sus armas hasta que se garanticen sus derechos como minoría y se concrete su participación en la nueva administración. Es más, rechazaron al gobernador enviado por el HTS e incluso lograron imponer su candidata (mujer, para más inri): Muhsinah Salih al-Muhaysawi. El HTS ni siquiera hizo oficial su nombramiento.
Los kurdos y beduinos en Dayru’z-Zor y en el este del Éufrates tampoco han entregado sus armas y piden que se aclare su futuro en la nueva administración.
El PYD/YPG, el brazo político y militar de la organización terrorista PKK en Siria, reconocen la nueva administración de Damasco, pero ni se disuelven ni dejan sus armas, y siguen recibiendo el apoyo de los Estados Unidos. Probablemente declaren su independencia o se integren en una posible federación durante el mandato de Trump. Turquía está esperando a la investidura de Trump para invadir el noreste del Éufrates a fin de sellar su frontera con Siria y echar al PYD/YPG.
El HTS sigue sin dar una fecha para la celebración del congreso de dialogo nacional en el que, supuestamente, piensa dar voz a todos los grupos étnicos y religiosos que forman el país. El retraso no es buena señal.
Está también pendiente el tema de los combatientes extranjeros: qué se va a hacer con ellos, porque les están causando muchos dolores de cabeza. La mayoría de ellos proviene de Turkistán del Este (Xinjiang/Sinkiang), de las repúblicas turcas y del Cáucaso. Se desplazaron hasta Siria con el único objetivo de matar cafres, liberar Al-Quds (Jerusalén) y tomar al mayor número posible de ‘esclavas’. No les interesa eso de la democracia, de la libertad de expresión, de la convivencia, de establecer relaciones con los otros grupos étnicos y religiosos; ni tampoco lo de llevar trajes y corbatas. Si los objetivos del HTS no corresponden con los suyos, van a causar todavía más problemas de los que ya están provocando. Además, muchos de ellos están buscados por la ley en sus países. En algún momento, estos países empezarán a presionar al HTS para que los extradite.
Muchos ‘yihadistas’ de todo el mundo con problemas judiciales en sus países están empezando a ver Siria como un ‘paraíso’ para sus fines. Ya han llegado a Siria algunos de ellos. Esto, a la larga, va a causar muchos dolores de cabeza al régimen del HTS. La prueba de ello la tenemos en el arresto por parte de las nuevas autoridades de Siria del militante Ahmed al-Mansour, quien ha publicado varios vídeos en los que afirma que el presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sisi, correrá la misma suerte que Assad. La medida podría ayudar a aliviar la preocupación en El Cairo por el ascenso al poder de los rebeldes de Hayat Tahrir al-Sham, pero no solucionará el problema a largo plazo.
El HTS no tiene personal suficiente para mantener el orden en las regiones que ha ‘liberado’ y bandas terroristas y narcotraficantes siguen cometiendo crímenes y contrabando con el Líbano y Jordania. Recientemente esta última bombardeó varias posiciones de narcotraficantes en Dar’a.
El HTS sabe mejor que nadie que en unas elecciones medianamente justas no los elegiría ni el Tato, así que han retrasado 3 años la redacción de una nueva constitución y 4 años la celebración de elecciones. Tampoco es buena señal y no parece que vayan a durar tanto.
De momento, el ‘apoyo’ y ‘reconocimiento’ del mundo, especialmente el de Europa y el Golfo, es muy ‘tímido’ y solo de palabra: el HTS sigue figurando como organización terrorista; las sanciones no se han levantado y, en el mejor de los casos, se han aliviado mínimamente; la ayuda humanitaria y económica sigue siendo mínima… Cada país que envía ayuda en realidad tiene una agenda diferente, incluso entre los países árabes. Asimismo, estos tienen recelos de Turquía. Nadie confía en nadie y por eso nadie está dispuesto a poner dinero en la mesa.
Si Rusia e Irán sobreviven a Trump, intentarán vengarse por lo ocurrido en Siria. Eso significaría más caos.
Puede que, en el mejor de los casos, Siria se convierta en una nueva Libia, con más de una administración de facto.
Los encubridores son aliados unos de otros. Si los creyentes no se unen como ellos, habrá desorden en la Tierra y una gran corrupción. (Corán, sura 8, aleya 73)
Muhammad Garo para SONDAS
