Es propio de los judíos arrogarse los logros de la humanidad y achacar a ésta sus propios desmanes.

(188) No cuentes con que podrán refugiarse del castigo los que se alegran por el mal que han hecho y les gusta que se les alabe por el bien que no han hecho.
Sura 3 – ali ‘Imran

Es muy común encontrarse en libros y artículos sobre la segunda guerra mundial comentarios en los que se reprocha al “ser humano” su crueldad, inconsciencia y brutalidad, como si hubiesen sido Colombia, Burkina Faso o China los originadores de tal conflagración. Todas las guerras se activan para crear nuevos órdenes mundiales, nuevos escenarios, en el gran espectáculo de la historia, que diviertan a las elites judías –Hollywood es judío, el arte como negocio es judío, la prensa y el resto de los media es el show diario controlado por los judíos (ver referencias F1).

Decimos América, Europa, Australia… Occidente, y de esta forma encubrimos la realidad que se esconde entre bastidores –las elites judías. Son ellas las que llevan más de 3000 años controlando el mundo.

Roma es un nombre extraño de origen desconocido, y que hace referencia a un imperio que nadie sabe quién lo fundó –si dejamos aparte el infantil mito de Rómulo y Remo. Quizás su origen se acerque más a los “romanos”, a los Roma, una tribu que habla el “romani”, la lengua originaria de los gitanos, de las tribus de Samirí que se fueron extendiendo por toda la Tierra llevando con ellos la fiesta, los aquelarres… el chamanismo:

(83) “¿Y qué te hizo adelantarte a tu gente, Musa?”
(84) Respondió: “Ellos iban tras mis pasos y yo me apresuré a Tu encuentro, Señor, buscando Tu complacencia.” (85) Dijo: “Pues sabe que después que los dejaste,
los hemos puesto a prueba y el Samirí los ha extraviado.”
(86) Regresó entonces Musa a su gente airado y afligido, y les dijo: “¡Gente mía! ¿Acaso no os hizo vuestro Señor una hermosa promesa? ¿Se os ha hecho larga la espera o es que queréis
que se desate la ira de vuestro Señor? Habéis faltado a vuestro compromiso.”
(87) Dijeron: “No hemos faltado a la promesa que te hicimos por voluntad propia, sino que nos cargaron con las joyas de la gente y las lanzamos, y así también arrojó el Samirí.”
Sura 20 – Ta Ha
(95) Dijo: “Y tú, Samirí, ¿qué tienes que decir a todo esto?” (96) Dijo: “Percibí lo que ellos no percibían. Entonces tomé un puñado de las huellas del mensajero y lo lancé. Así me lo sugirió mi propia nafs.” (97) Dijo: “¡Ahora vete! Mientras vivas dirás: ‘No me toques.’ Y sabe que tienes una cita que no podrás eludir. Mira a tu ilah, ése a cuyo culto te entregaste.
Lo quemaremos y esparciremos sus restos por las aguas.
Sura 20 – Ta Ha

“Dirás: No me toques”. Son los intocables, los untouchable de la India, de Afganistán, de Japón, de China, los gitanos de Europa y de Oriente Medio, una de las tribus judías que Musa expulso de los Banu Isra-il. Ellos establecieron, con lo que sabían del Kitab, un nuevo poder en la Europa meridional que más tarde se apoderaría de buena parte del mundo. Roma era poder, pero, sobre todo, era fiesta, espectáculo, sacrificios humanos, oráculos, magia… el mismo escenario que produjo Samirí mientras Musa estaba en la montaña.

Si nos detenemos un instante en la historia del Imperio Romano, notaremos una inquietante similitud con la historia actual de los Estados Unidos:

Para los romanos no existía más arte que la guerra; a ella se destinaban, y en perfeccionarla pusieron todo su espíritu y todo su talento. “No hay duda que fue un dios –dice Vegecio– quien les inspiró la legión.” Pensaron que era preciso dotar a los soldados de la legión de armas ofensivas y defensivas más fuertes y pesadas que las de ningún otro pueblo.

Montesquieu, Grandeza y decadencia de los romanos. Espasa-Calpe, colección Austral, 1962

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La misma ideología en ambos imperios –el romano y el americano. Los mismos actores –los gitanos, la tribu de Samirí.

Se erigió en tribunal para juzgar a todos los pueblos; al fin de cada guerra decidía las recompensas y castigos que cada uno había merecido. Una parte del dominio del pueblo vencido se la daba a los aliados; con esto conseguía dos cosas: unía Roma a los reyes de los que no tenía nada que temer y mucho que esperar, y debilitaba a otros de los que no esperaba nada y lo temía todo.

Empleaba a los aliados para hacer la guerra a un enemigo; pero inmediatamente destruía esos aliados. Filipo fue vencido por los etolios, los cuales fueron aniquilados después por haberse unido a Antíoco. Antíoco fue vencido con ayuda de los rodios; pero después de recompensar a estos espléndidamente, Roma los humilló para siempre, so pretexto de que habían pedido la paz con Perseo.

Cuando tenían muchos enemigos a un tiempo, concedían tregua al más débil, que se consideraba dichoso de tenerla, estimando en mucho el haber diferido su ruina.

Cuando los romanos estaban en una guerra de importancia, el Senado pasaba por toda clase de injurias y aguardaba en silencio a que llegase el momento del castigo; y si algún pueblo le entregaba a los culpables rehusaba castigarlos, prefiriendo considerar como criminal a toda la nación y reservarse una venganza útil.

Como ocasionaba a sus enemigos daños inconcebibles, no se formaban ligas contra Roma, porque el que estaba más lejos del peligro no quería aproximarse a él.

Por eso casi nunca se veían los romanos atacados, sino que ellos declaraban siempre la guerra, en el tiempo, modo y con la gente que les convenía; y pocos entre todos los pueblos a los que atacaron, no hubiesen sufrido toda clase de afrentas a cambio de verse tranquilos.

Siendo costumbre de los romanos hablar siempre como amos, los embajadores que enviaban a los pueblos aún no sometidos eran de seguro maltratados: un buen pretexto para nueva guerra.

No hacían nunca la paz de buena fe, y en su deseo de invadirlo todo, sus tratados no eran, en realidad, más que una suspensión de hostilidades, y ponían en ellos condiciones que comenzaban siempre por arruinar al estado que las aceptaba.

Montesquieu, Grandeza y decadencia de los romanos. Espasa-Calpe, colección Austral, 1962

Cuesta creer que se esté hablando de los romanos y no de las actuaciones del Pentágono –la misma estrategia, los mismos valores, el mismo proceder. Cuando habla un senador desde el Congreso o un Presidente desde la Casa Blanca, parece que estamos escuchando al senado romano, a alguno de sus cónsules o generales –la misma retórica, las mismas amenazas.

Como Roma, Washington maltrata a sus aliados, los arruina y luego los ejecuta o manda al exilio –son los mismos actores, los Roma, los romanos, los romanís, los gitanos, la tribu de Samirí.

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Todos se ríen. Es una risa histérica, fuera de todo contexto –quizás se trate de un tic nervioso.

Son ellos los que dirigen el Pentágono, la Casa Blanca, el Eliseo o la Moncloa. Los que organizan los pactos con los dirigentes árabes para atacar a sus hermanos. Todos quieren sentarse con los Roma, disfrutar, aunque tan sólo sea por impregnación, por roce, de la gran fiesta, de la orgía romana. Para qué si no se embarcaba Roma en interminables guerras. Se apoderaba de la riqueza de sus falsos enemigos y con ella construía el paraíso terrenal –a costa de la plebe en la que estaban incluidos los gitanos-masa, los Roma-masa.

Roma había sometido todo el universo, con ayuda de los pueblos de Italia, a los que concedió en diferentes épocas diversos privilegios. La mayor parte de estos pueblos no se cuidaron al principio del derecho de ciudadanía entre los romanos; y algunos prefirieron conservar sus propios usos. Pero cuando este derecho fue el de la soberanía universal, cuando en el mundo no se era nada si no se era ciudadano romano, y con ese título se era todo, los pueblos de Italia resolvieron perecer o ser romanos.

Montesquieu, Grandeza y decadencia de los romanos. Espasa-Calpe, colección Austral, 1962

Para la mayor parte de la gente de hoy no puede haber mayor privilegio y honor que estar en posesión de la nacionalidad americana o, al menos, de la green card. Es la misma identidad que daba Roma, los Roma, ya que eran ellos los que dominaban a todos los demás pueblos, los que imponían su ley, sus condiciones y los castigos a todos aquellos que se atrevían a rebelarse contra el emperador dios. En el mismo sentido, la administración Trump no ha dejado un solo día de anunciar nuevos paquetes de sanciones contra China, Rusia, Venezuela, Irán, Siria… No hay un solo país, aliados incluidos, que esté a salvo de sus amenazas:

US threatens to sanction any country that buys Russia’s S-400 missile defense system
AMN – Beirut
Estados Unidos amenaza con sancionar a cualquier país que compre el sistema de defensa de misiles S-400 de Rusia.
*
During a recent press briefing a US State Department spokeswoman recalled that Washington had “made very clear” that the acquisition of S-400s could “trigger sanctions for other countries and entities around the world.”
SPUTNIK INTERNATIONAL NEWS
Durante una reciente conferencia de prensa, la portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos recordó que Washington había “dejado muy claro” que la adquisición de S-400 podría “desencadenar sanciones para otros países y entidades de todo el mundo”.
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US State Department doesn’t rule out that a purchase of Russian S-400 air defense systems may cause sanctions on any country around the world.
SPUTNIK INTERNATIONAL NEWS
El Departamento de Estado de EE. UU. No descarta que una compra de sistemas de defensa aérea S-400 rusos pueda causar sanciones contra cualquier país del mundo.
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India has decided to go ahead with S-400 Triumf air defence systems deal with Russia
India TV News Desk, New Delhi
India ha decidido seguir adelante con el acuerdo al que ha llegado con Rusia para la adquisición de sus sistemas de defensa aérea S-400.
*

Son los Estados Unidos los que deciden por todos en todos los asuntos. Atreverse a tener su propia política, su propia visión, significa, en última instancia, posicionarse contra el “imperio”, contra la razón y contra Dios (el que aparece en el dólar).

Memmio acababa de comunicar al Senado el acuerdo que su competidor y él habían tomado con los cónsules, por el cual estos se habían comprometido a favorecerlos para conseguir el consulado al año siguiente; y ellos, por su parte, se obligaban a pagar a los cónsules 400.000 sestercios si no les suministraban tres augures que declarasen que estaban presentes cuando el pueblo votó la ley Curiata, aunque tal cosa no existía, y dos consulares para afirmar que habían asistido a la firma del senadoconsulto, que regulaba el estado de sus provincias, aunque no había nada de eso.

Carta de Cicerón a Ático, Libro IV, carta 18.

Hay una continua corrupción, un continuo tráfico de influencias, en el sistema judío-gitano-romano-democrático que domina el mundo y que se ha instalado en todos los países de la Tierra (ver cuadro C4).

Todas las naciones que rodeaban al imperio, en Europa y en Asia, absorbieron poco a poco las riquezas de Roma; y así como antes los romanos se engrandecieron porque el oro y la plata de todos los reyes pasó a su poder, así se debilitaron después porque su oro y su plata pasó al poder de los demás pueblos.

Ammianus Marcellinus (soldado e historiador-330 dE); Res Gestae, Libro XXV.

El mismo destino que está aplastando a Occidente –Asia, el verdadero continente, está absorbiendo, poco a poco, la riqueza del imperio (Estados Unidos, Europa y aliados) en forma de importaciones. Cada vez son más los productos que occidente compra a Asia, y cada vez son más las industrias occidentales que para sobrevivir tienen que trasladarse a China (Tailandia y Taiwán incluidos), India, Rusia o Corea –no se puede construir el paraíso en dunia, y todo aquel que lo intenta se encuentra al final rodeado por las llamas de yahannam.

Todo le estaba permitido a Roma, a los Roma. Su bienestar justificaba cualquier desmán, cualquier injusticia, cualquier masacre. Si occidente necesita materias primas que no tiene, irá a los países ricos en esos recursos minerales o de cualquier otro tipo y los tomará sin pedir permiso a sus dueños legítimos y sin pagar por ellos, como la mejor forma para estas naciones de asegurarse la paz con el imperio. Y si el imperio necesita para el buen funcionamiento de sus industrias envenenar las aguas de cientos de ríos, de lagos, de costas y playas, lo hará como una prueba de su grandeza:

(11) Cuando se les dice: “No sembréis la corrupción en la Tierra,” responden: “Somos nosotros los que ponemos paz en ella y enderezamos lo que está torcido
Sura 2 – al Baqarah
Allah el Altísimo rectifica su declaración de principios:
(12) ¿Acaso no son ellos los verdaderos corruptores…
Sura 2 – al Baqarah

Como los romanos, los Roma, los gitano-judíos, los de la tribu de Samirí, Occidente no cesa de fabricar armamento cada vez más sofisticado, más letal, más destructivo, obligando a las demás naciones a participar en esta carrera sin fin, que va dejando a su paso ríos de sangre y sufrimiento. Lo único que cuenta es dominar, poseer, construir paraísos cada vez más excitantes, más estrambóticos… para la elite gitano-judía y sus más fieles shayatin –el resto es mano de obra, esclavos, peones a los que se sacrifica sin pestañear cuando la situación lo requiere (holocausto, 11 de septiembre) (ver referencia F9).

Un imperio, decía Montesquieu subsiste únicamente por la guerra, y es la guerra la que al final acaba con el imperio. También Occidente ha basado sus imperios en la guerra, pero al final América no ha tenido más remedio que sentarse a negociar con Corea del Norte, con Irán, con China y con Rusia. No ha logrado un claro predominio en Siria, a pesar de que ha reunido, como siempre hacen los coaligados, ejércitos de medio mundo y tienen el apoyo de Turquía, Jordania y todos los países del Jalich. Los soldados occidentales, como los soldados Roma, romanos al final del imperio, no saben luchar ni están dispuestos a arriesgar sus vidas por causas que para ellos se han vuelto irrelevantes. El honor de ser soldado norteamericano se ha derrumbado ante el claro montaje político-militar de las elites judeo-gitanas –había que morir, en realidad, para alimentar a los grandes consorcios.

Roma, occidente, una misma realidad para unos mismos actores.