Hasta el 90% de las personas que dan positivo en la prueba de Covid apenas tienen virus y no son contagiosas.

Peter Andrews para Russia Today

Todas las estadísticas sobre la enfermedad son falsas.

Se ha revelado que las pruebas estándar que se utilizan en los EE. UU. para diagnosticar los casos de Covid-19 son demasiado sensibles, y la gran mayoría de las personas marcadas como positivas en realidad resultan ser negativas.

La laxitud del régimen de pruebas Covid en Estados Unidos ha resultado ser una gran sorpresa para los principales virólogos del país. Resulta que las pruebas que arrojan un simple resultado binario “positivo o negativo” no son adecuadas para su propósito, ya que no nos dicen nada sobre el peligro de contagio de cada persona diagnosticada.

Los datos de tres estados –Nueva York, Nevada y Massachusetts– muestran que cuando se tiene en cuenta la cantidad del virus que se encuentra en una persona, hasta el 90 por ciento de las personas que han dado positivo en la prueba deberían haber sido negativas, ya que llevan solo pequeñas cantidades del virus, no son contagiosas, no representan ningún riesgo para los demás y no necesitan aislarse. Esto significa que solamente una fracción de los “casos” diarios de los que nos informan de manera tan histérica los medios de comunicación son personas que realmente padecen Covid-19, y necesitan tratamiento y separarse de los demás.

Entonces, ¿cómo es posible? La respuesta tiene que ver con la sensibilidad de las pruebas de PCR (reacción en cadena de la polimerasa) para Covid, que resulta que puede incrementarse según el gusto de las empresas que realizan las pruebas. La mayoría de las empresas han elegido el límite de sensibilidad escandalosamente alto de 40 ciclos de PCR, lo que significa que el ADN de una muestra aumenta exponencialmente 40 veces para amplificar su señal. Pero el uso de una prueba tan ridículamente sensible significa que los rastros más leves de un virus muerto, o incluso los restos de infecciones anteriores, pueden dar un resultado positivo. La profesora Juliet Morrison, viróloga de la Universidad de California, afirma que incluso un límite de 35 ciclos de PCR es demasiado alto. Estaba “sorprendida de que la gente pensara que 40 podría representar un positivo”. Pero, aparentemente, casi todos los que están al mando en Estados Unidos de la crisis del Covid lo han tomado como una verdad absoluta.

Así que la escala del “problema” de la pandemia es en realidad mucho menor de lo que nos han hecho creer, aproximadamente una décima parte de lo que todos los políticos y medios de comunicación han estado proclamando para justificar los cierres, las cuarentenas, las pruebas masivas… Algunos pueden sorprenderse de que la escala del problema sea mucho menor de lo que se suponía, pero para alguien experimentado en dudar de todas y cada una de las estadísticas que contienen “casos” de Covid no existen sorpresas. La verdad es que nunca hubo ninguna razón para confiar en tales cifras. La FDA solo ahora se ha visto obligada a admitir que desconoce cómo las diferentes compañías de pruebas determinan cuáles son las pruebas positivas y cuáles las negativas: simplemente aceptan cualquier información que se les proporcione.

Es un virus tan mortal que se necesita de una prueba para saber si uno lo tiene o no. Así es el lema de muchos escépticos del encierro, Covidiotas y anti-mascarillas, de los cuales soy un indignado partidario. Algo no solamente está mal, sino que está totalmente fuera de control, pues la clase científica de todo el mundo está entrenada para que cada uno de sus miembros se convierta en un cazador de brujas, listo para cazar con la máxima dedicación una partícula microscópica –ni siquiera una partícula particularmente peligrosa; los últimos datos muestran que es la octava causa de muerte más común en Inglaterra y no figura entre las diez primeras en el País de Gales.

Mientras tanto, en Wuhan, la fuente original de esta enfermedad, las fiestas en los parques acuáticos están en pleno apogeo. No parecen estar demasiado preocupados por las pruebas de PCR o el rastreo de contactos, ni siquiera por el virus en sí. El gobierno chino afirma que sus cierres fueron tan extremados que ahora tienen cero Covid –algo biológicamente imposible. Tal vez simplemente dejaron de probar y decidieron seguir con sus vidas. Todos los demás deberíamos seguir su ejemplo.

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SONDAS: Seguimos tomando el Covid19 como un asunto sanitario y ello nos impide entender lo que está pasando, nos impide entender todas esas medidas exageradamente absurdas con las que tratan de prepararnos para una nueva forma de vida. Lo sabemos. Es evidente que toda exageración conlleva, necesariamente, un plan, unos objetivos. Sin embargo, seguimos hablando del virus, de su poder como elemento mortífero, de contagios… Seguimos diariamente las estadísticas sobre el imparable avance de esta bolita microscópica que ha detenido el mundo.

Fijémonos en la última frase del artículo:

Tal vez simplemente dejaron de probar y decidieron seguir con sus vidas. Todos los demás deberíamos seguir su ejemplo.

Tampoco Andrews parece haber comprendido que no tenemos elección. Somos parte de un experimento cuyo alcance final nos sigue siendo todavía desconocido.

Vemos en las medidas que están tomando los gobiernos indicaciones de los fines que se quieren lograr con el virus –confinamiento, restricción de movimiento, control de masas, vida online… Mas desconocemos cuáles serán los siguientes pasos, los siguientes medios que acaben el trabajo del Covid19.

Muchos autores se quejan de que los gobiernos no estaban preparados para esta pandemia; les acusan de no saber qué hacer, de no tener un plan. Pero ¿acaso tenemos nosotros un plan, un proyecto? ¿Sabemos qué hacer? Hemos delegado todas nuestras obligaciones en el estado y ahora que el estado “no sabe qué hacer” nos encontramos con un sistema que obliga a ambos conyugues a trabajar y, al mismo tiempo, con el cierre de facto de las escuelas, obliga a nuestros hijos a estudiar online sin nadie que les cuide. Este estado al que otorgábamos cualidades de padre, de hermano mayor, nunca se ha preocupado por nosotros ni por nuestros hijos. ¿Tan difícil era adivinarlo? Ahora los vemos llenándose los bolsillos todo lo que pueden, vetando las iniciativas judiciales de investigar evidentes irregularidades en todas las administraciones, incluidos la policía y el CNI. A nosotros nos dicen que nos busquemos la vida que todos tienen problemas.

Esta panderisa no es un asunto sanitario. Si lo fuera, ya haría tiempo que se habría acabado. Debemos entenderla como un ataque frontal a nuestra libertad de elegir dónde queremos vivir y cómo. Y eso significa prisión global.