art15

Allah el Altísimo puede generar una infinitud de creaciones, ya que en Él se encuentran en estado potencial todas las posibilidades. En numerosas aleyas el Qur-an nos recuerda este hecho:

(68) ¿Os habéis fijado en el agua que bebéis? (69) ¿Sois vosotros los que hacéis que caiga de las nubes o somos Nosotros los que la hacemos caer? (70) De haberlo querido,
la habríamos hecho salobre. Aun así, no agradecéis.
Sura 56 – al Waqiah
(78) Es Él Quien os ha dado el oído, la vista y el fuad. Que poco es lo que agradecéis.
Sura 23 – al Muminun

En ambos casos nuestra creación habría sido muy diferente a lo que es. El 95% de nuestro tiempo y de nuestra energía los habríamos tenido que emplear en buscar o producir agua potable. No más atractiva habría sido una creación en la que los seres humanos carecieran de las facultades de audición y vista.

El hecho de que ambas aleyas acaben mencionando nuestra ingratitud al respecto, es una clara indicación de que podía haber sido así. Esa configuración, sin embargo, habría carecido de toda rahmah. Habría sido una creación sin tiempo para observar, analizar y reflexionar; una creación sin tiempo para adorar a nuestro Señor, sin razón para agradecerle sus dones. Habría sido una creación de supervivencia; una indicación de que quizás el Creador no habría querido otra cosa que divertirse a nuestra costa:

(27) No hemos creado el Cielo y la Tierra ni lo que entre ambos hay en vano. Eso es lo que piensan los encubridores. ¡Ay de los encubridores por el fuego que se han ganado!
Sura 38 – Sad
(38) No hemos creado los Cielos y la Tierra y lo que entre ambos hay
descuidadamente y sin finalidad alguna.
Sura 44 – ad Dujan

Muy al contrario, Allah Todopoderoso es el Wadud, el que se relaciona amorosamente con Sus siervos rectamente guiados. Esta idea está claramente expresada en otro de los significados del término wadudla yegua que pone todo su esfuerzo en correr. En este mismo sentido, Allah ha hecho que Su creación sea un constante motivo de agradecimiento por parte de Sus siervos creyentes. Lo ha hecho todo para que Le amemos.

(90) Mas pedid perdón a vuestro Señor y volveos a Él arrepentidos, pues en verdad
que mi Señor es el Compasivo, el que Mira con Aprobación a Sus Siervos Rectamente Guiados.” –al Wadud.”
Sura 11 – Hud

Mas Allah el Altísimo no es sólo Wadud o Wah-hab (el dador incansable) o Karim (noble y generoso) o Rahim (compasivo), también es Aziz (poderoso) y Qahar (se impone irresistiblemente) y Mutakabir (está por encima de todos)… y muchos más atributos que juntos y dentro de una proporción óptima conforman la Nafs de Allah.

Como en toda miscelánea, lo que le confiere su verdadera cualidad es la proporción, lo más difícil de equilibrar. Esos atributos divinos y sus ausencias generaran, a su vez, las nafs humanas (ver esquema 3).

Cuando en un individuo no hay generosidad, se manifiesta su ausencia –la avaricia, la tacañería o la cicatería. Es decir, cada atributo divino que no se materialice en un insan, dará lugar a su ausencia, ya que no puede haber vacíos –si no hay nobleza (atributo propiamente dicho), habrá mezquindad (ausencia de nobleza).

Allah el Altísimo ha hecho que todas las nafs sean distintas entre sí al conferir a cada una de ellas una combinación diferente de atributos y ausencias –las ausencias estarán presentes en una proporción inversa a la de los atributos: un 70% de ternura generará automáticamente un 30% de dureza e insensibilidad.

El hecho de que las nafs humanas sean reflejo o manifestación de la Nafs divina hace que podamos entender la “personalidad” de Allah, a pesar de que nos resulte imposible aprehenderla en su totalidad –hay atributos divinos que ni siquiera pueden manifestarse en la nafs del hombre: Podemos ser karim (nobles, generosos), pero no podemos ser wahab (no podemos dar incesantemente y que no disminuya en nada nuestra riqueza ni sintamos miedo de perderla).

Por lo tanto, cada nafs se diferencia de las otras en la distinta combinación de atributos y ausencias, mas no en la consciencia que es la misma para todas, ya que no está sujeta a ningún atributo ni a ninguna ausencia. La consciencia siempre es divina, objetiva y luminosa.

Así mismo, el soporte de las nafs, el cuerpo, será diferente en cada una de ellas, formando una unidad psicosomática en la que la psiquis, o conjunto de capacidades cognoscitivas, actuará en el cuerpo de la misma forma que éste actuará en aquella.

Hay, pues, una finalidad, un objetivo, un proyecto y, por lo tanto, un sistema. Y ese sistema, al menos desde el punto de vista humano, pudo haberse establecido siguiendo dos métodos distintos –el de la varita mágica o el de causa-efecto. El método de la varita mágica habría originado criaturas inactivas, sin sociedades, sin relaciones, ya que todo lo que necesitasen se materializaría “por arte de magia”. Si analizamos cuidadosamente este método, caeremos en la cuenta de que la creación que resultase de él no sería un examen, una prueba para decidir nuestro destino en Ajirah. Incluso la misma idea de un resurgimiento post-mortem no tendría demasiado sentido.

Afortunadamente, el método elegido por Allah Todopoderoso ha sido el de causa-efecto; es decir, el de que tiene que haber una causa tangible o deducible para que se produzca un efecto. Y en el caso de no encontrar ninguna causa para que se haya originado un fenómeno determinado, concluiremos que será el producto de la casualidad. Por otra parte, esta sucesión ininterrumpida de causas y efectos es la que hace, entre otros factores, que tengamos la sensación de elegir, ya que el último efecto rastreable está tan lejos de nosotros que de alguna manera ha dejado de preocuparnos no encontrar su causa (ver artículos XIII y XVII).

A este punto límite llegamos en cualquier campo en el que nos adentremos. Un claro ejemplo de ello lo tenemos en las teorías sobre el origen del universo. En cualquiera de ellas que elijamos como la más verosímil encontraremos ese efecto límite imposible de traspasar –¿cómo a partir de una situación de no tiempo y no espacio surgió esa singularidad, ese punto minúsculo de enorme densidad del que se supone que se originó el universo? Obviamente, necesitamos una causa para ese efecto. Sin embargo, nos resulta tan lejano ese primer instante de la creación, que nos mostramos extremadamente condescendientes con el hecho de no saber, en realidad, cuál fue la causa que dio origen al universo. Lo mismo ocurre con el efecto- vida. No conocemos la causa que lo ha originado –en cualquier elemento del universo que sometamos a un estricto análisis no encontraremos, sino átomos y moléculas, todo ello material muerto. Sin embargo, en un momento determinado aparece la célula que ya es un elemento vivo. ¿Cómo se ha pasado de lo muerto a lo vivo? Hemos llegado al efecto-límite y más allá de él no podemos adentrarnos, no podemos dar con la causa que lo ha producido. Ello es así porque la dialéctica causa-efecto sólo nos resulta rastreable cuando seguimos el sistema funcional, pero esa dialéctica se rompe, desaparece, cuando queremos adentrarnos en el sistema operativo –la primera causa de todas las cosas y la última siempre es Allah el Altísimo (ver artículo IX).

Por lo tanto, lo que a nosotros nos incumbe es el método causa-efecto aplicado al sistema funcional; y ese método, como cualquier otro, tiene consecuencias.

-La primera consecuencia produce el efecto de que todas las cosas se generan siguiendo una ininterrumpida serie de fases y no de evoluciones, ya que todo ser vivo pertenece a una especie particular que ha surgido de una semilla específica y distinta de todas las demás (ver artículo XVII). Estas fases no sólo se refieren al proceso humano, sino a todos los procesos que tienen lugar en la creación y en nuestras sociedades –todo lo que hacemos, lo que diseñamos, lo que construimos, lo que organizamos, lo hacemos fase a fase. Por ello, Allah el Altísimo ha dejado en nuestro universo restos de lo anterior para que caigamos en la cuenta de que los elementos existenciales se han originado y desarrollado siguiendo fases y no evoluciones –aunque las plantas, animales y humanos están construidos con células eucariotas, sigue habiendo células procariotas, las primeras, con el objetivo de mostrarnos que unas no son evolución de las otras, sino fases de creación independientes. Y lo mismo sucede con el sistema partenogenético de fecundación –sigue habiendo animales que se multiplican por este sistema (ver artículo XVII).

También a nivel social estamos obligados a seguir fases. Veamos un ejemplo: Estamos sentados a la mesa y nos disponemos a comer una ensalada de tomate aliñada con sal, vinagre y aceite de oliva. Este simple, en apariencia, acto cotidiano es la consecuencia de numerosas fases producidas por una larga serie de causas y efectos. La primera fase nos llevará casi al comienzo de la vida en nuestro planeta, al tiempo en el que se activaron las “semillas” y pudieron crecer los tomates (ver artículo XVII). Si pasamos por alto esas primeras fases, llegamos a la fase de los hortelanos –los que causan la producción de tomates y su recolección. Después llegamos a la fase de los distribuidores –los que causan que se transporten los tomates a los mercados generales. La tercera fase es la de los pequeños comerciantes –los que causan que de los mercados generales se transporten los tomates a sus tiendas. Y llegamos a la cuarta fase, la de las amas de casa –las que causan que se transporten los tomates de las tiendas a sus hogares. Este proceso es, a su vez, causa del desarrollo de las sociedades, de que haya hortelanos, transportistas, distribuidores, tenderos, almacenes, casas… causas que producen efectos, fases que siguen una complicada y cada vez más amplia red de interconexiones e interacciones, ya que para poder desarrollarse esas fases hará falta dinero y, por lo tanto, trabajo, empresas… todo un entramado de relaciones psicosociales necesario para el desarrollo completo del plan de Allah el Altísimo.

No obstante, ello no quiere decir que en ese entramado no haya elementos venenosos y perturbadores. Los hay y forman parte del guión general de la existencia que está basado en la dialéctica entre Profecía y chamanismo (ver artículo XIX).

-La segunda consecuencia produce el efecto de que nunca veremos la “mano” de Allah Todopoderoso en las acciones y acontecimientos que tengan lugar en cada instante de nuestra vida, de la misma forma que nunca vemos al director de la película. Vemos causas y efectos producidos por los actores, los cámaras, los realizadores, los maquilladores, los expertos en efectos especiales… pero nunca al director y, sin embargo, él es la causa primera y última de la filmación, como primera y última causa de la creación es Allah.

De todo ello podemos deducir el siguiente principio: El Altísimo utiliza la creación para desarrollar Su plan. Actúa a través de las piedras, del viento, de la lluvia, de los tornados, del agua, de las bacterias, de nosotros, de Sus malaikah, de Yibril, de Mikal y de muchas otras entidades que no conocemos. Todo lo creado se convierte, en un momento determinado, en agente activo de la voluntad divina.

-La tercera consecuencia produce el efecto de generar el nivel de poder y el nivel de ejecución (ver artículo I, apartado 5). Aquí podemos enunciar un segundo principio: Allah no hace, pero todo se hace por Su voluntad. Es el sistema a través del método de causas y efectos que Allah ha elegido para desarrollar Su creación, y Allah no incumple Sus decisiones ni cambia Su plan.

En el Qur-an se nos habla repetidamente de estos dos niveles para que entendamos el funcionamiento de Su método:

(176) Y ello después de que Allah haya hecho que se descargue el Kitab con la verdad. Los que discrepan sobre el Kitab han caído en un cisma que les aleja irremisiblemente de la guía.
Sura 2 – al Baqarah

En el plan de Allah el Altísimo está el que descienda el Kitab a lo largo de la historia sobre algunos de Sus Profetas. Para que eso se lleve a cabo le basta con decir “¡Sé!” Y es:

(117) Dio origen a los Cielos y a la Tierra. Cuando decide un asunto,
Le basta con decirle ¡Sé!” Y es.
Sura 2 – al Baqarah

Pero ese –“¡Sé!” Y es– no es un golpe de varita mágica, sino que pone en funcionamiento el nivel ejecutivo:

(97) Advierte a todo aquel que sea enemigo de Yibril que es él quien lo descarga en tu corazón por la voluntad de Allah, como una confirmación de lo que ya había
–guía y buena nueva para los creyentes.
Sura 2 – al Baqarah

Por lo tanto, Yibril es uno de los elementos del nivel ejecutivo de ese –“¡Sé!” Y es– concreto, específico, referido a la descarga del Kitab (ver artículo III, apartado B y artículos XIV y XXII).

(23) Somos Nosotros Quienes descargamos sobre ti el Qur-an gradualmente.
Sura 76 – al Insan

Mas no es el único. De nuevo, siguiendo el método divino de causas y efectos, vemos que, en cada proceso, en cada –“¡Sé!” Y es– determinado, hay un sinfín de elementos, de fases, hasta llegar al resultado –efecto– final. En esta segunda aleya el narrador introduce el asunto utilizando la primera persona del plural “nosotros” para indicarnos que la operación de descargar el Kitab sobre los Pros es más complicada y conlleva más elementos de lo que en un principio pudimos imaginar, ya que no hay golpe de varita, sino fases, causas y efectos.

Así pues, Allah el Altísimo tiene un plan, un proyecto, y ha elegido un sistema, un método, para llevarlo a cabo. Dentro de ese plan está la creación del universo en el que nos encontramos nosotros, los seres humanos. Este universo no ha surgido de una “singularidad” ni de un misterioso e inaprehensible comienzo, como afirman los partidarios del big bang, sino de Allah Todopoderoso. Es Él el origen de la creación, de su desarrollo, y el locus a donde volverá todo lo creado (ver artículo XVII y esquema 11).

-La cuarta consecuencia produce el efecto de que Su creación se haya desarrollado por fases sucesivas siguiendo una plantilla o patrón repetido en todos los elementos del universo como reflejo de la propia realidad divina (ver artículos IV y V). Allah el Altísimo ha querido crear una entidad con la que poder comunicarse o, en otras palabras, ha querido que esa entidad participase de Su consciencia, de Su Nafs y de su “corporeidad” –la creación– a través de la cual se manifiestan parte de Sus atributos. Esta entidad es el “hombre”, el “insan”, provisto de consciencia, de nafs y de cuerpo o soporte de dicha nafs. En cuanto al resto de la creación, cumple tres funciones:

a) Los animales, plantas y minerales-rocas son elementos que el hombre necesita para vivir en este universo –de ellos extrae alimentos, materiales para vestirse y abrigarse, para construir casas y fabricar utensilios-armas, para transportar sus mercancías y para viajar, pero también como disfrute de su sensibilidad y para colmar su necesidad de belleza y de inspiración.

b) Los innumerables tipos de malaikah, Yibril, Mikal, y otras entidades no humanas, realizan la función de organizar todos los elementos existenciales para que se pueda llevar a cabo el plan de Allah Todopoderoso, para que el hombre logre entrar en la Órbita Divina, en la rahmah de Allah, en el conocimiento y en el recuerdo. Actúan de la misma forma que los realizadores en una filmación. Nosotros sólo vemos a los actores, ya que son ellos los protagonistas, los que desarrollan la trama de la película, pero para que esos actores puedan actuar hacen falta decenas de trabajadores y especialistas –cámaras, técnicos de luz y sonido, especialistas en crear efectos especiales… y muchos otros. También nosotros necesitamos esas entidades no humanas para poder “actuar” en este mundo, y las necesitaremos en la vida del más allá.

(30) Los que dicen: “Mi Señor es Allah,” y obran con rectitud, descienden sobre ellos los malaikah y les dicen: “No temáis ni os apesadumbréis, antes bien alegraos por la buena nueva del Jardín que se os ha prometido. (31) Os hemos acompañado en la vida de este mundo y os acompañaremos en Ajirah, donde tendréis todo cuanto deseéis, y todo cuanto pidáis
(32) –agasajo del Perdonador, del Compasivo.
Sura 41 – Fussilat

c) Tanto las entidades no humanas que conocemos como las que no conocemos, realizan funciones que son propias de ellas y que no tienen relación con nosotros:

(75) Verás a los malaikah, alrededor del Arsh declarar con alabanzas
la perfección de su Señor más allá de toda contingencia.
Sura 39 – az Zumar

Sin embargo, la existencia de ninguna de esas entidades no humanas tiene verdadero sentido sin el hombre. De la misma forma que no tiene sentido que haya un grupo de gente dedicada a producir películas si no hay actores. Todos ellos son medios para poder desarrollar el plan de Allah.

Como ya hemos dicho en este apartado, esa identidad capaz de comunicarse con la divinidad es el hombre, el insan; y esa plantilla, ese patrón universal es la célula, esa diminuta, esa microscópica entidad viva independiente, la primera nafs que va a ser el modelo para todos los elementos existenciales vivos, tanto en su constitución –cabeza-núcleo, tronco-citoplasma- extremidades-flagelos, como en sus funciones –nacer, crecer, respirar a través de un complicado metabolismo, generar energía, moverse, relacionarse con el exterior y reproducirse (ver artículos IV y V).

-La quinta consecuencia produce el efecto de generar el propio movimiento de la creación. Este movimiento es el resultado de la interacción de dos mecanismos –sistema operativo y sistema funcional (ver artículo IX).

Para entender el Qur-an, en el que se nos informa de la creación de Allah Todopoderoso a nivel humano, a nivel funcional, deberemos entender el sistema y el método elegidos por el Creador.