image

Como vemos en el esquema, la estructura general del insan consta de tres elementos –consciencia, nafs y cuerpo (ver Artículos VI y XV). La consciencia necesita de una nafs actuante para salir de su estado de potencialidad, ya que la consciencia es pasiva –observa, de la misma forma que el espectador observa la película. Si no hay nada que observar, la consciencia vuelve a su estado potencial. Al mismo tiempo, la nafs necesita de un cuerpo en el que manifestarse y a través del cual poder actuar, de la misma forma que el color necesita de un soporte en el que manifestar su naturaleza, sus características. Sin este soporte, el color sólo existe en potencia, como una posibilidad. El hecho de que estos tres elementos se necesiten unos a otros o uno sea condición para que otro exista o se manifieste explica el vaivén metafísico de creación y contracción, potencia y manifestación.

En el sueño profundo todo vuelve al estado de potencia, todo se contracta en la memoria que ya no está asistida por la consciencia –el individuo ha dejado de tener nacionalidad, deseos, ideas, creencias, miedos… cuando despierta de ese estado, todo lo que estaba enrollado en la memoria, se manifiesta y se recupera, así, su depósito de información –el individuo vuelve a tener nacionalidad, deseos, miedos…

Es el mismo proceso que podemos ver en el cine. Tenemos la pantalla blanca, la película y el espectador. La pantalla es el cuerpo en el que se manifiesta la película, la acción, y el espectador es la consciencia. Cuando se acaba el rollo de película, deja de haber acción y el espectador, la consciencia, ya no tiene nada que observar, salvo la pantalla blanca y vacía de antes de comenzar la proyección.

Es el mismo vaivén que vemos en la creación de Allah –el Altísimo crea y luego devuelve Su creación al origen:

(88) No invoques a otro ilah con Allah. No hay ilah, sino Él. Todo perecerá excepto Su Faz. Suyo es el juicio. A Él habréis de volver.
Sura 28al Qasas

Aquí “faz” significa consciencia, ya que en el rostro están situados los órganos del oído y de la vista, los órganos espirituales a través de los cuales interactúan los tres elementos –consciencia, nafs, cuerpo. Cuando se acabe esta creación, todo volverá a la consciencia de Allah en estado de potencia hasta la siguiente creación:

(48) El Día en que la Tierra se cambie por otra Tierra, así como los Cielos, y se les haga comparecer ante Allah –el Único, el Irresistible…
Sura 28Ibrahim

El vaivén propio del sistema divino es un movimiento que podemos calificar de auto-generador y auto-productivo, y que responde al principio inexorable de expansión-contracción, una acción lleva en sí implicada a la otra –todo lo que se expande acabará por contraerse y viceversa. Es el mismo vaivén que mueve la vida, sus ciclos, a los seres vivos. Fijémonos en la respiración –el acto de inhalar lleva en sí mismo el acto de exhalar; uno exige al otro. Si hay inhalación tiene necesariamente que seguirle la exhalación, de la misma forma que a la exhalación tendrá que seguirle la inhalación. En el caso de la respiración humana este ciclo queda interrumpido por la muerte, pero no así en el caso divino en el que el vaivén es eterno y continuo.

Siguiendo la ley de plantillas (ver artículo V), el sistema divino de vaivén respiratorio –creación-absorción– se manifiesta en primer lugar en la célula, la primera entidad viva, el patrón universal. Este hecho es lógico e ineludible, ya que la respiración –del tipo que sea– es la base y el motor de la vida, la que activa todas las funciones y genera la energía vital.

En el caso de la célula, la respiración se realiza a través de un complicado proceso que a veces incluye elementos del sistema operativo que no podemos seguir ni entender (ver Artículo IX). No obstante, podemos decir que básicamente es el mismo mecanismo que actúa en los animales, en los seres humanos o en el sistema divino –hay un vaivén de absorción-emisión por el que se genera y expulsa energía, manteniendo así un perfecto equilibrio entre potencialidad y manifestación.

Es, así mismo, el vaivén del sueño profundo (potencialidad, inhalación) y la vigilia (manifestación, exhalación). El mismo vaivén de los movimientos cardiacos del corazón –sístole (contracción, potencialidad, inhalación) y diástole (dilatación, manifestación, exhalación)

Si interpretamos el esquema que hemos pegado al principio de este artículo siguiendo el concepto de vaivén y de la ley de plantillas, la consciencia lo abarca todo, lo engloba todo y todo lo contiene en potencia cuando está en modo contracción, inhalación. En el caso divino, la Consciencia encierra en Sí misma todas las posibilidades –las imaginables y las inimaginables; las comprensibles y las que escapan a nuestra cognición. Como en el caso de la respiración, de los movimientos cardiacos del corazón (sístole-diástole) o del vaivén sueño-vigilia, la consciencia deberá salir de ese modo para pasar al de exhalación, dilatación, manifestación. En el caso divino pasará al modo creación. Sin embargo, como ya hemos apuntado anteriormente, la manifestación de lo que existe potencialmente en la consciencia (tanto en el caso divino como en el humano) necesitará de una nafs a través de la cual poder expresarse en tanto que actos, en tanto que acciones. Podemos definir el término nafs como una entidad viva independiente capaz de respirar (metabolismo), alimentarse, generar energía, relacionarse con el exterior, protegerse y reproducirse. Y de nuevo, siguiendo la ley de plantillas, la primera nafs, la primera entidad viva independiente que aparecerá en el universo, será la célula, capaz de realizar todas las funciones que acabamos de enunciar.

(6) Os creó a partir de una sola nafs. Luego sacó de ella su pareja e hizo
que descendieran para vosotros ocho especies de ganado.
Sura 39 – az Zumar
(1) ¡Gentes –nas! Temed a vuestro Señor que os creó a partir de una sola nafs, y creó de ella su pareja, generando, a partir de ellos dos, multitud de hombres y mujeres.
Sura 4 – an Nisa

Para un estudio más detallado en cuanto al origen de la vida en la Tierra y su posterior desarrollo – (ver Artículo XVII).

La nafs humana, como desarrollo de la nafs célula y ambas en cuanto que reflejo de la nafs divina, consta de memoria, de capacidades cognoscitivas-receptoras y del fuad o aparato interconector de todos los elementos de la nafs. A estos debemos añadir la fitrah como substrato, cuya propia naturaleza constituye la singularidad del ser humano (ver artículos V y X y esquema 7, esquema y texto).

(30) Así pues, mantente firme en el Din como hanifafitrah en la que Allah
ha creado a los hombres –nas.
Sura 30 – ar Rum

De la misma forma que la consciencia necesita a la nafs para manifestar su potencialidad, así mismo, la nafs necesita un soporte en el que expresar sus características, sus inclinaciones –en una palabra, su naturaleza. Este soporte será el cuerpo en el caso del ser humano, de los animales y de las plantas, y la creación en el caso de Allah el Altísimo, en la que se expresa una infinitésima parte de Su naturaleza.

Los animales, así como las plantas, no están dotados de una consciencia individualizada para cada uno de ellos ni poseen en su nafs el fuad. Ello hace que simplemente sigan el programa que se les ha introducido en el momento de su creación, sin que haya ninguna posibilidad de conectar conscientemente con la divinidad. En algunos animales hay algún tipo de mecanismo pensante y de memoria, pero no hay reflexión. Si tomamos el ejemplo de los programas de ordenador, a veces tendremos la sensación de que piensan, nos entienden y se comunican con nosotros, pero esa comunicación viene del programador, quien interactúa con nosotros a través de su programa.

No hay, pues, evolución, sino diferentes programas para cada especie y dentro de cada especie diferentes programas para cada uno de sus individuos.

En cuanto a las rocas y minerales, es cierto que podemos detectar a lo largo de su historia un gran movimiento de transformaciones y de interacciones con el mundo biológico, pero no podemos decir que formen parte de las entidades vivas, pues no cumplen con la mayoría de las funciones que son propias de éstas –por ejemplo, la reproducción. Y ello debido a que en su constitución no hay células, sino moléculas inorgánicas. No obstante, hay una gran diversidad de minerales y de rocas con una clara diferenciación entre ellos, lo que les confiere un tipo de “personalidad”, y ello hace que nos sintamos atraídos por sus formas y matices.

Así pues, al insan, al hombre, a la última versión de la entidad célula, le ha sido concedida la consciencia y el fuad y con ellos, la reflexión, de modo que ya tiene la capacidad de conectar con la divinidad –consciencia con consciencia, nafs con nafs, cuerpo con cuerpo. La misma plantilla modelando la creación.