Estados Unidos ha interferido en 81 elecciones extranjeras.

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Ningún bastardo Neocon con cabeza de alfiler anda por ahí diciendo que Estados Unidos necesita ser atacado por interferir en, al menos, 81 países.

Jonas E. Alexis y Claire Bsernish para VT

Siempre que escuches a un Neocon o a alguna puta política empezar a hablar de bombardear o atacar a otro país porque ese país supuestamente “hackeó” a Estados Unidos, es una señal infalible de que estás en presencia de un racista que propone una limpieza étnica, de un ideólogo, de un político, de un gánster o de un mentiroso que quiere beber la sangre de otras personas.

¿Por qué? Bueno, se ha hablado de que Estados Unidos ha interferido en al menos 81 elecciones extranjeras. Mas nadie aboga por un atraque contra Estados Unidos por haberlo hecho. El eminente periodista y escritor Stephen Kinzer ha documentado que Estados Unidos ha estado derrocando a un gobierno tras otro durante los últimos cien años. ¿Quién puede decirles que ya basta?

El lunes, el director del FBI, James Comey, confirmó por primera vez públicamente que la oficina está investigando oficialmente las polémicas acusaciones sobre la intromisión rusa en las elecciones estadounidenses, pero, incluso si se demuestra que son ciertas, tales escapadas geopolíticas caracterizan mejor el comportamiento rutinario del acusador que el del acusado.

“El F.B.I., como parte de nuestro esfuerzo de contrainteligencia, está investigando los esfuerzos del gobierno ruso por interferir en las elecciones presidenciales de 2016”, anunció el director, y agregó que la oficina llevaría a cabo una investigación para determinar si los asociados de Trump tenían contacto con funcionarios rusos.

Estados Unidos ha ejercido una clara influencia sobre las elecciones extranjeras en todos los rincones del mundo, y lo ha hecho la friolera de 81 veces entre 1946 y 2000, con solo un tercio de esas operaciones realizadas abiertamente.

Durante meses, los principales medios de comunicación repitieron las turbias acusaciones lanzadas por los políticos, deseosos de culpar a alguien por la inexplicable victoria de un ex presentador de telerrealidad, alegando que los rusos, de alguna manera, habían socavado subrepticiamente los cimientos electorales de la democracia estadounidense.

Si bien eso aún no se ha demostrado, este nuevo Red Scare constituye un intento engañoso por parte de la olla de llamar a la caldera … un entrometido electoral.

El investigador Dov Levin del Instituto de Política y Estrategia de la Universidad Carnegie Mellon, un experto en el tema en cuestión, discutió la larga pero incompleta lista de ocasiones en las que el gobierno de Estados Unidos ha interferido en las elecciones de otras naciones.

Cuando se le preguntó por ejemplos en los que esta manipulación alteró de manera tangible los resultados, Levin declaró:

Un ejemplo de ello fue nuestra intervención en Serbia, Yugoslavia, en las elecciones de 2000. Slobodan Milosevic se presentaba para la reelección y no queríamos que permaneciera en el poder debido a su tendencia, ya saben, a perturbar los Balcanes y sus violaciones de derechos humanos. Así que intervenimos de diversas formas a favor del candidato de la oposición, Vojislav Kostunica. Y le dimos fondos a la oposición, y les dimos capacitación y ayudantes de campaña. Y según mi estimación, esa ayuda fue crucial para que la oposición ganara.

Levin reiteró que los métodos más descarados con los que Estados Unidos afirma su dominio, a través de golpes abiertos o cambios totales de régimen, no se encuentran en la lista de los más de 80 intentos de manipular el resultado electoral.

Los nuevos macartistas deberían reflexionar sobre las pegajosas huellas dactilares imperialistas que USA ha dejado en todo el mundo, como aquella vez en 1996, cuando Estados Unidos emprendió una extensa operación secreta para asegurar la presidencia de Boris Yeltsin.

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SONDAS: “¿Quién puede decirles que ya basta?” Esta es la clave del artículo. Todos sabemos lo que hace hoy la CIA y lo que lleva haciendo, al menos, en los últimos 70 años –el colapso de las torres gemelas entre otras fechorías. Sin embargo, tiene tres chalecos anti-balas que le libran de cualquier ataque –armas de destrucción masiva, los media y el aparato generador de cultura. Si alguna nación intentase invadirles, se activarían estos tres resortes –se opondría con su poderoso ejército, se publicaría en todos los medios de comunicación una falsa historia y se tildaría de fascistas y anti-democráticos a los invasores. No hay ninguna nación en el mundo que se atreva a luchar contra estos tres propulsores capaces de rechazar cualquier agresión, por muy justificada que esté.

Como nos enseñaba Ibn Jaldún, el poder dominante es el de la cultura dominante. Rusia nunca se atrevería a destruir Nueva York, pues es el símbolo de la cultura dominante y, por lo tanto, también es el símbolo de Rusia y el del resto del mundo.

En este caso, los judíos occidentales han sido más sagaces que los orientales –desde hace siglos se han dedicado a echar los cimientos de una sugestiva cultura como la mejor arma de ataque y de defensa. Nueva York, París, Londres, Roma… están más protegidas por la cultura que por las baterías anti-misiles. Nadie hoy se atrevería a bombardearlas y destruirlas. Hitler lo hizo porque él sí traía una nueva cultura, nuevos valores… y necesitaba hacer tabla rasa con todo lo anterior para poder instalarla con éxito en todo el mundo.

Mas ni Rusia ni China tienen recambio para la cultura occidental. Substituir el wiski por la vodka no es la solución. El ateísmo que surge del vicio, del paganismo o de la filosofía da origen a un mismo sistema materialista. Solo la transcendencia y la unicidad divina pueden ser la alternativa al desquicie social e individual que está viviendo hoy occidente.

Las sociedades del bienestar, elitistas, supremacistas y tiránicas, han acabado en el confinamiento, el control y la inmovilidad –justo pago por el sufrimiento que han causado en el resto del mundo.

La CIA no puede ser la solución. Mas ¿hay alguien ahí fuera que pueda decirle que ya basta?