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TRES PROPUESTAS SOCIOLÓGICAS

T  E  X  T  O

Primera propuesta

Ayn Rand 

(Alissa Zinovievna Rosenbaum)

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Capitalismo en su estado más puro, individualismo y egoísmo producirán los nuevos héroes ateos.

Recientemente han caído en nuestras manos dos análisis sociológicos que, al mismo tiempo, podrían tomarse como dos propuestas para solucionar el caos individual y social en el que vive la humanidad de hoy. Quizás los dos análisis más interesantes que ha producido occidente en los últimos tiempos. Sobre todo, si tenemos en cuenta que su base ideológica y económica es el laicismo (ateísmo) y el capitalismo.

El primero de estos dos análisis es el de Alissa Zinovievna Rosenbaum, nacida en Rusia en 1905 en el seno de una familia judía. Emigró a los Estados Unidos cuando tenía 20 años y Rusia se había convertido en la Unión Soviética. Allí cambió su nombre por el de Ayn Rand. Tras una breve estancia en Chicago, en casa de unos familiares, se trasladó a Hollywood donde trabajó como extra en diversas películas y, más tarde, como correctora de guiones. En su tiempo libre se dedicó a escribir novelas, teatro, relatos cortos y un considerable número de artículos de corte filosófico.

Su libro Atlas Shrugged, el más influyente sin lugar a dudas, fue publicado en 1957 (se vendieron 5 millones de ejemplares) y llevado a la pantalla en formato de tres películas en 2011, 2012 y 2015, que se corresponden con los tres capítulos del libro. Sin embargo, ya en su primer trabajo importante titulado The Fountainhead (1943), Ayn Rand propone su visión del ser humano en tanto que héroe en busca de la felicidad. Y será en ese viaje lleno de dificultades y de peligros donde alcance los más grandes logros en todos los campos. No obstante, y en su propia interpretación, el hombre puede estar sujeto a un destino que invierta su proyecto de felicidad. A pesar de ello, seguirá siendo un héroe y por ello seguirá luchando para realizar su visión.

Alguien podría objetar que no hay nada nuevo en este planteamiento. Es algo que encontramos en el “superhombre” de Nietzsche o en la mitología griega. Sin embargo, Ayn Rand saca a la luz un concepto tabú en cuanto que propuesta y, por lo tanto, como algo bueno, algo deseable –el egoísmo. Dedicarse a los demás es abandonar el proyecto de desarrollar al máximo las capacidades del hombre como individuo. El egoísmo del héroe transciende la hipocresía del humanismo. Se aleja de la indolencia que genera la falsa caridad. El “héroe” en el sentido griego de la palabra es alguien que ha nacido de la unión de un ser humano y de un dios; es decir, que hay algo en él de divino, algo que transciende su naturaleza animal, incontrolada, guiada únicamente por el deseo. En este sentido, si bien de forma inconsciente, Ayn Rand intuye que, en el hombre, en el insan, hay algo que transciende la animalidad en tanto que desconexión con la Órbita Divina, aunque para ella esa órbita signifique, ante todo, las más excelsas y secretas cualidades humanas.

No obstante, de una forma o de otra, la divinidad –el heroísmo, la naturaleza heroica– del hombre se ha ido transportando en los mitos y, del mismo modo, se refleja en numerosas teorías filosóficas y sociológicas. Es algo que está en la memoria colectiva de los pueblos –el bashar es actualizado por intervención divina en el insan. Sin embargo, a esta realidad no llegan todos los individuos. Lo primero que observa Ayn Rand es el hecho de que la mayoría de los hombres no puedan llevar a cabo su papel de héroes –son demasiado indolentes o están faltos de iniciativa y determinación. De nuevo vemos el claro antagonismo entre la educación “heroica” y la educación humanista. Y este antagonismo se reflejará inevitablemente en la estratificación social, ya que será una reducida elite la que en realidad mueva el mundo.

La propuesta de Rand no apunta a la idea de que para que esa elite pueda gobernar sea necesario hacerse con el poder –en su caso hacerse con el gobierno de los Estados Unidos– sino a la de reunir a esa elite fuera del sistema y esperar a que éste colapse por sí solo. Una vez que el sistema haya dejado de funcionar, pues ya no recibe la energía del motor que es la elite, podrá volver y hacerse cargo de las riendas de la nación de forma natural e inevitable.

Esta es la propuesta que ofrece en la trilogía de Atlas Shrugged –John Galt, un joven ingeniero eléctrico, ha preparado un pequeño pueblo en un bellísimo valle en algún lugar de Colorado, protegido del mundo exterior por una tecnología especial que no se explica en ninguna de las tres películas ni tampoco en el libro, pero que lo hace invisible a los que están fuera de él.

Sin embargo, lo que vemos allí es una exacta reproducción de la vida de esa elite cuando estaba al otro lado y eran el motor del mundo –viven en casas lujosas, celebran fiestas, desarrollan una tecnología punta y su mayor preocupación, como antes, es la súper-producción.

Ayn Rand está diciendo a todos los atlas que soportan el mundo que se sacudan de él y se deshagan de ese fardo. No hay nada que sostener. Bien al contrario, la elite debe dejar de mantener a los gobiernos que impiden que el hombre, el insan, el héroe, pueda desarrollar su programa, sus cualidades, convenientemente. En nuestro esquema –los tres dominios A, B, C– esto correspondería a pasar del círculo A al círculo B. En la película, la elite abandona todo lo que es inepto y corrupto para ocuparse ella misma de sus asuntos. En cuanto a su relación con el sistema, están en huelga indefinida.

El fallo de esta propuesta reside en el hecho de que, si no existe el círculo C, les resultará imposible mantenerse en el círculo B. Se moverán a la periferia o volverán, de una forma o de otra, al círculo A, ya que el sentido de esta vida está en el círculo C, y no en el A o B que son únicamente momentos o estancias pasajeras en el viaje existencial. Por ello, cualquier objetivo que se proponga el hombre en los círculos A o B, incluso si lo alcanza, llevará al fracaso y a la frustración de nunca poder rozar el absoluto.

Ayn Rand no cesa de quejarse de que los héroes y sus grandes logros nunca son reconocidos por las sociedades ni por los gobiernos, de ahí la idea de abandonar el mundo que ha generado el sistema y vivir en el círculo B mientras colapsa el círculo A.

Esta teoría sólo funciona en el papel. Sabemos con seguridad que precisamente son los individuos que han conseguido los mayores logros económicos, científicos o literarios, celebridades de todo tipo, reconocidas por el mundo entero, los más vulnerables al suicidio, drogadicción, alcoholismo y alteraciones mentales. Ello es así porque mientras se persiguen esos objetivos, el hombre está convencido de que en el momento en el que los alcance se convertirá en la criatura más feliz de la Tierra. Sin embargo, una vez logrados resulta evidente que no eran lo que él esperaba que fuesen –tan absurdo es ser rico como ser pobre, famoso como desconocido… Lo que da valor a nuestra vida es entender que el objetivo final reside en el círculo C y no como propone Ayn Rand: “en la persecución de la felicidad como el objetivo moral de nuestra vida, en los logros productivos como nuestra más noble actividad, y en la razón como nuestro único absoluto”.

El error de Ayn Rand no está en el planteamiento sociológico que hace de la interacción social y su relación con los gobiernos –la casi absoluta intervención estatal se ve más claramente en la segunda propuesta. El humanismo ha conseguido llevar al poder a la mediocridad –la gente más inepta ocupa los puestos más relevantes– sojuzgando a los héroes, a la verdadera elite. En los últimos decenios hemos visto en América cómo en el momento en el que alguien pasa a ser multimillonario –mafia incluida– monta una fundación benéfica o dona millones de dólares para algún fin altruista. Es la hipocresía del humanismo, pues todos sabemos que esos multimillonarios, en el mejor de los casos, han conseguido sus fortunas con el fraude y la extorsión. El héroe, en cambio, eleva a la sociedad con sus hallazgos, con sus interpretaciones de la realidad, con su guía, con su sacrificio. En la segunda película de Atlas Shrugged, hay una escena en la que uno de los industriales más importantes de Norteamérica celebra su 20 aniversario de bodas. Ha alquilado una sala en un hotel de lujo y ha invitado a numerosos amigos. A la fiesta acude un importante empresario mejicano que tiene negocios de minas y exporta carbón a los Estados Unidos. Él es uno de los que forman parte de la nueva elite que se ha ido trasladando al valle de Colorado e intenta que este industrial norteamericano dé también el paso. Se sienta en su mesa y le dice sin ningún preámbulo: “Toda esta gente que está aquí, todos estos indolentes, viven de ti. ¿Por qué lo haces?” El industrial norteamericano le responde con un cierto abatimiento: “Sí, lo sé, pero si yo no los mantuviese, ellos serían incapaces de buscarse la vida.” El empresario mejicano le responde: “Sí, de acuerdo, aceptemos esta situación, ¿pero no debería haber reconocimiento por su parte? Ellos te ignoran. Sólo van a ti para pedirte dinero y si un día se lo niegas, te matarán.” El industrial norteamericano sabe que está en lo cierto, pero como en el caso de Atlas decide cargar con el mundo, por eso el empresario mejicano aviva su consciencia con una inquietante pregunta: “Si un día te encontrases con Atlas llevando el mundo sobre sus hombros y le vieras con el pecho sangrante y las rodillas temblorosas… ¿qué le dirías?” El empresario norteamericano se queda pensativo y confundido. No sabe qué responder: “No sé. Tú qué le dirías.” El empresario mejicano le responde lacónico y contundente: “Sacúdetelo.”

No reconocer los logros de los héroes es la forma que los mediocres tienen de satisfacer su envidia, su odio, su mezquindad. En este sentido la visión de Ayn Rand es acertada, pero no así su despreocupación por conocer la estructura completa de la existencia. ¿Quién ha diseñado esta creación? ¿Por qué hay héroes? ¿Por qué hay mediocridad? ¿Cómo has obtenido las ideas que ahora plasmas en un libro? Ayn Rand obvia todas estas y muchas más preguntas y parte, como en la teoría del big bang, de una singularidad dada –hay una sociedad, individuos, gobiernos y héroes, veamos cómo organizamos estos elementos. Sin embargo, es entender el origen de esa singularidad lo que nos va a permitir entender todo lo demás. Si no sabemos por qué hay universo, inteligencia, consciencia, si no sabemos para qué existimos, por qué hay muerte, quién ha afinado esta existencia con tanta perfección… lo que hagamos en esta vida carecerá de verdadero valor e interés. De nuevo, si no hay círculo C, el sentido de nuestra vida desaparece y no queda, sino un devastador y corrupto absurdo en los círculos A y B.

Segunda propuesta

Theodore Kaczynski

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“You gonna listen to me, you bastards”. Kaczynski fue entregado al FBI por su propio hermano, y quizás haya sido esa la más terrible respuesta a su visión socio-política.

El Segundo análisis/propuesta viene de Theodore Kaczynski, nacido en Evergreen Park, Illinois, US, en 1942. Durante 17 años llevó a cabo una campaña de paquetes bomba dirigidos a personalidades académicas –profesores de universidad, rectores, decanos…– con el resultado final de 3 muertos y 23 heridos. A pesar de que el FBI dedicó 5.000 agentes y gastó 50 millones de dólares en la operación para descubrir al autor de esos atentados, no sólo resultó infructuosa, sino que no logró conseguir ni tan siquiera una pista que pudiera conducirles hasta el misterioso remitente. Su detención se debió exclusivamente a que su hermano David lo delató y llevó a la policía hasta la cabaña en la que vivía desde hacía varios años situada a unas 5 millas de la pequeña localidad de Lincoln, en Montana.

En todos los niveles de estudios demostró ser un estudiante de excepcional capacidad, especialmente en lo que a matemáticas se refiere. Se graduó por la Universidad de Harvard en 1962 y obtuvo el doctorado en matemáticas en 1967. Más tarde trabajo como profesor adjunto en la Universidad de Barkeley, California.

A lo largo de todo ese camino académico descubrió que, para desarrollar una sociedad tecnológicamente industrializada, el hombre debe sacrificar su libertad, sus aspiraciones, su necesidad de poder y de alcanzar sus logros personales, para convertirse en una simple pieza del gigantesco mecanismo que llamamos “el sistema”. En este sentido, el análisis de Kaczynski coincide plenamente con el de Ayn Rand –la mediocridad estatal esclaviza y anula a los héroes.

Así mismo, percibió que el trabajo de la mayoría de la gente no se corresponde con sus verdaderos objetivos existenciales. Los científicos están muy ocupados observando microorganismos y células en sus microscopios, realizando fabulosos descubrimientos, como ellos los llaman, pero en realidad lo único que les importa es el dinero y el prestigio. Se les ha asegurado que podrán conseguir ambas cosas si actúan acorde a las necesidades del sistema.

Algo inquietante no le dejaba vivir en paz, y los 24 años que pasó después de dejar Berkeley hasta su posterior detención los dedicó a descubrir qué era eso que estaba carcomiendo al hombre y a sus sociedades.

Quería decirle a la gente de qué se trataba, pero sabía que incluso si lograba publicar sus ideas y distribuir sus libros por toda América, no lograría influenciar a nadie, ya que su mensaje se ahogaría en el océano de noticias, ensayos, ideas y entrevistas que cada día aparecen en todos los medios de comunicación. Si alguien, a pesar de ese flujo continuo de noticias llegase a interesarse por sus ideas, pronto caerían en el olvido en el reset que cada día se produce en los mainstream –¿Qué era lo que ayer resultaba tan importante, tan transcendental? Ya está olvidado. Este mecanismo de “reemplazamiento continuo” lo conocía bien Kaczynski, por ello comenzó a enviar paquetes bomba especialmente a los que tenían algún cargo en los departamentos universitarios, y continuó haciéndolo durante 17 años. Finalmente, envió una carta a los medios prometiendo que, si sus ideas recogidas en un manifiesto que él tituló Industrial Society and Its Future eran publicadas por alguno de los periódicos o revistas más relevantes del país, dejaría de enviar paquetes bomba. Tras una indecisión inicial, el New York Times y el Washington Post decidieron publicar su manifiesto como un suplemento el 19 de septiembre de 1995. De no haber sido por la infame traición de su hermano, el FBI nunca habría dado con su paradero. Se declaró culpable a cambio de recibir una sentencia de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

En las 35.000 palabras de su manifiesto anti-tecnología propone un lúcido y claro dibujo en el que analiza cómo una sociedad industrializada está basada en y alimentada con la ausencia de libertad, con la esclavitud de la gente y su robotización.

Si Kaczynski pudiera hablar ahora con Ayn Rand, probablemente los puntos de vista de ésta cambiarían considerablemente, ya que cuando murió en 1983, la súper tecnificada sociedad americana estaba todavía en su prehistoria –no había móviles, no había internet, no había Facebook… No podía imaginarse la masacre que el deep state americano perpetró el 11 de septiembre para poder establecer un nuevo orden mundial.

En ese sentido, el análisis de Kaczynski es más profundo y acertado que el suyo. Constantemente denunció el peligro de desarrollar la ingeniería genética, algo que era prácticamente inexistente en el tiempo de Rand. No obstante, la propuesta de Kaczynski falla, lo mismo que la de Rand, en su aplicación. Su idea de una revolución contra el sistema industrial altamente tecnificado se presenta, en la misma línea que en Atlas Shrugged, no como una toma del poder político, sino como una forma de dejar que el propio sistema colapse por sí mismo. De este modo propone, como ya lo había hecho Rand, pasar del círculo A al círculo B sin tomar en consideración el círculo C. Al final, poca diferencia habrá si cultivamos tomates genéticamente manipulados o estrictamente biológicos, ya que, si volvemos a las sociedades naturales, primitivas, las fuerzas judías, las mismas que han hecho evolucionar al mundo a través de la revolución industrial y después la tecnológica, harán lo mismo con las nuevas sociedades naturales que Kaczynski piensa que surgirán tras el triunfo de su estratégica revolución.

Como en el caso de Rand, Kaczynski es un ateísta que, consecuentemente, no cree en la existencia del círculo C. Propone saltar del círculo A al círculo B, sin entender que el círculo B únicamente tiene sentido si existe el círculo C.

Asesinó a tres personas y está sufriendo una sentencia de cadena perpetua, y todo ello para informar a la gente de la verdad que había descubierto, de su visión de las cosas. Pero si se le permitiera leer la prensa diaria de hoy, se enteraría de la amarga realidad de una ingeniería genética ganando terreno, y de una humanidad controlada y robotizada desde la cuna hasta la tumba, pero altamente satisfecha con todos los avances tecnológicos, en el nombre del progreso, del bienestar y del humanismo.

No obstante, la visión de Kaczynski desde el punto de vista de los círculos A y B es correcta. Se dio cuenta de que el verdadero materialismo-socialismo se estaba desarrollando ampliamente en América y no en la Unión Soviética. Hay un espejismo que proyecta una imagen de ambas potencias cambiada. En América hay 17 agencias de inteligencia reconocidas por el gobierno que controlan cada centímetro cuadrado del país –cada teléfono, cada casa, cada oficina… El gobierno interviene en todas las operaciones mercantiles, controla lo que se exporta y lo que se importa; cada año se añaden nuevos impuestos y se colocan nuevas cámaras visibles en lugares públicos y otras que nadie ve; invade países y detiene secretamente a ciudadanos de todo el mundo, muchos de los cuales desaparecen sin dejar rastro; crea organizaciones terroristas a través de las cuales opera a su capricho; impone sanciones a sus competidores y monta escuchas a sus aliados. En otro orden de cosas y tras la apariencia de ser un país religioso, la sociedad americana es fundamentalmente atea. Presenta la religión como el opio que impide que las sociedades desarrollen un sistema cada vez más tecnificado de producción, el verdadero “absoluto” de América. El concepto de igualdad ha generado una sociedad de homosexuales y lesbianas, de transexuales, dejando los hogares vacíos y destruyendo la célula familiar, pero los negros, los amarillos e incluso algunos blancos, siguen siendo indeseables entidades que hay que extinguir o, en el mejor de los casos, utilizar como esclavos. Todos estos valores –la custodia estatal, el ateísmo y la más estricta xenofobia camuflada de igualdad– propios de la Unión Soviética, se han encarnado en las sociedades occidentales generando una devastadora esquizofrenia mercantil y social, ya que se trata de aplicar medidas capitalistas en un medio totalmente socialista. Para Kaczynski es evidente que ha habido una izquierdización de la sociedad occidental como producto del sistema democrático a través del cual la mediocridad ha tomado el poder. Como ya hemos visto, esta mediocridad odia a los héroes y se justifica adhiriéndose a movimientos pacifistas, feministas, de protección de animales, anti-imperialistas… mostrando una clara aversión por todo aquello que se presente como fuerte y triunfante. Kaczynski denuncia constantemente en su manifiesto cómo esa izquierdización de la sociedad occidental ha generado multitud de individuos que odian conceptos como “autosuficiente”, “autodominio”, “iniciativa”, “empresario”, “optimismo”. Quieren que sea el estado quien se ocupe de todos sus asuntos, quien los proteja y dirija sus vidas. Kaczynski, claramente, está denunciando la situación en el círculo A y urge para saltar al círculo B, pero aun si fuera posible que toda la humanidad diera ese salto, el absurdo de una existencia inteligente, consciente y racional que acaba en la muerte, seguiría confundiendo al intelecto humano. El hombre puede alcanzar algunos de sus objetivos, pero una vez alcanzados se mitigará su emoción, su “felicidad”, y volverá al mismo estado de ansiedad en el que se encontraba antes.

Tercera propuesta

La red dorada paralela y superpuesta al mapamundi social de hoy

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Después de haber estudiado cuidadosamente estas dos propuestas, la tercera, la que propone el esquema –una red dorada paralela y superpuesta al mapamundi social de hoy– nos parece más razonable y realista, y la mejor forma de escapar a los matrix del círculo A, y poder vivir protegidos en el círculo B, esperando que la muerte nos abra la puerta de Ajirah en el círculo C.

El círculo B es un lugar de espera, la nave de Nuh, la cueva de los compañeros. No hay ya una nueva tierra en la que desembarcar ni una nueva sociedad con la que poder mezclarse. De no haber círculo C, el suicidio podría ser una alternativa como ya lo es en occidente, de la misma forma que lo son las drogas. Este es, en definitiva, el fracaso de las propuestas de Ayn Rand y de Theodore Kaczynski –una vida que acaba con la muerte y la nada que le acompaña. ¿Acaso no es la inmortalidad lo que ansía todo héroe, toda nafs consciente? Poco importa lo que hagamos en los aproximados 70 años si no hay continuidad, si la muerte no es simplemente una puerta de acceso a otro nivel de realidad. Sin círculo C, los círculos A y B pierden su sentido y se convierten en meras cárceles donde los internos, atrapados en el absurdo de vivir sin la esperanza en la otra vida, se despedazan unos a otros.

Los Tres Dominios A-B-C

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En las páginas anteriores hemos examinado dos de las teorías sociológicas más interesantes de cuantas ha desarrollado occidente en las últimas décadas. Sin embargo, en ninguna de ellas los elementos que constituyen la teoría en sí han sido observados en la práctica, y por ello cuando queremos aplicarlos en un escenario concreto, resultan inoperativos. Incluso si en un primer momento parecen funcionar, enseguida veremos cómo el nuevo sistema será tan frustrante como el precedente que se quería substituir. No podía ser de otra forma, ya que sin el círculo C, los círculos A y B resultan insostenibles, inestables e inconsistentes. Veamos cómo funcionan e interactúan los 3 círculos.

El círculo A es el círculo gregario e inevitable. No hemos elegido estar allí. Es el círculo de la comunidad en que hemos nacido: nuestra familia, nuestra sociedad, nuestro país … Nacimos allí y simplemente aceptamos que ese era nuestro mundo. Sus valores pasaron a ser nuestros valores; su cultura, nuestra cultura; sus enemigos, nuestros enemigos; y sus aliados, nuestros aliados. El círculo A es la matriz donde nacimos y donde vamos a crecer sin dudar por un instante de que sea el mejor de los mundos. Más aún, no hay otro mundo con el que lo podamos comparar. Esta matriz abarca todos los aspectos de nuestra existencia y no podemos siquiera imaginar que pueda haber otra –comemos lo que come nuestra comunidad y detestamos lo que ella detesta. Es nuestro mundo, nuestra familia y nuestra tribu. Todo lo que no se consuma y se prepare como en nuestra matriz, será rechazado o puesto en cuarentena. Frases del tipo: “Está muy bueno, pero nosotros no lo preparamos así”, son propias del círculo A. Celebramos a nuestros héroes, aunque no sean, sino leyendas fabricadas por nuestros antepasados. Amamos el territorio en el que nacimos y vivimos, como si fuera nuestro país desde el comienzo del mundo. Creemos que nuestro idioma se habla en todas las naciones desde la noche de los tiempos, aunque en realidad sea una derivación de otras lenguas que cambia constantemente. Estamos convencidos de que fuera de nuestra matriz tribal se extienden zonas de herejía y oscuridad. No necesitamos ninguna prueba especial para mantener esta convicción. Es suficiente que no pertenezcan a nuestra matriz, a nuestro mundo. En esta etapa, declaraciones como “mi madre dijo” o “en este país lo hacemos de esta manera” son suficientes para demostrar que tenemos razón y que los demás están equivocados. En el círculo A el nacionalismo ciego impera por doquier y tinta cualquier intento de análisis. Después de un partido decisivo, los fanáticos del fútbol se pelean en la calle o en el bar, y matan a los otros fanáticos en nombre del honor de su tribu. Obviamente, en este círculo no hay nada como ijtihad إجتهاد (uso de las capacidades cognoscitivas). Solo hay imma’ إمَّع, gregarismo. En la mayoría de los casos, la fitrah está cubierta por la cultura, por la mil-lah de la tribu, incluso si esa tribu tiene un trasfondo religioso cuya aqidah va en contra de su cultura, de sus costumbres y de sus hábitos. Esta matriz bien protegida, fortificada con gruesos muros que la circundan, hace que los miembros de la tribu sientan que nada malo les puede ocurrir, ya que están a salvo de todos los peligros externos.

La mayoría de las personas permanecen en esta etapa y en este círculo durante toda su vida. El sentimiento gregario les hace permanecer allí incluso si algunos perciben que muchos de sus hábitos tribales están equivocados y que muchas de sus creencias tribales van en contra de la religión oficial de la tribu. Lo importante es permanecer unidos frente al exterior. Sentir el calor animal de la cercanía física. Como es el caso de los corderos, es preferible morir juntos que vivir fuera de la tribu, fuera de la manada.

Por paradójico que parezca, se necesita esta etapa. Es una etapa inevitable en la vida porque sin ella no habría una identidad clara que todos los seres humanos necesitan para crecer con cierto equilibrio psicológico y sin miedos.

El problema no es nacer en una comunidad específica y seguir ciegamente su mil-lah, sino en permanecer en ella para siempre sin analizar su mil-lah, convirtiéndonos así en otro ladrillo en el muro que nos separa del mundo real. Y esta situación, esta situación paradójica en la que algo necesario tiene que abandonarse para poder ser nosotros mismos, es parte de la fitrah.

La fitrah sin educación puede convertirse en una guía equivocada (ver artículos, X y XVI). Tenemos un claro ejemplo de ello en el egoísmo extremo de los bebés. Para sobrevivir tienen que ser egoístas y llorar cuando tienen hambre, no importa si son las 3 de la madrugada o si su madre está profundamente dormida y cansada. Bajo la educación adecuada, este egoísmo se convertirá poco a poco en agradecimiento y generosidad hacia la madre. Por lo tanto, por fitrah necesitamos nacer en un círculo protegido A en el que obtener una identidad clara y, luego, bajo una educación adecuada, ir al círculo B donde el ijtihad ya es posible.

El problema de la identidad se puede apreciar claramente en las sociedades norteamericanas. Lo hemos visto reflejado en numerosas películas, entre ellas vale la pena mencionar The Gangs of New York. En su caso, la ausencia de identidad se debe al hecho de que la población nativa ha sido aniquilada y la nueva sociedad está constituida, enteramente, por emigrantes, principalmente de Europa. Esta suplantación sin mezcla posible hace que el estado de emigrantes se perpetúe generación tras generación, ya que no ha quedado una población nativa en la que poder disolverse –emigrantes casándose con emigrantes, todos venidos de fuera, todos extranjeros en un territorio sin tribus nativas. No hay identidad, ya que ser americano no significa nada –los indios no son sus ancestros. Sus abuelos son irlandeses, suecos o italianos. Las nuevas generaciones no logran desprenderse de sus territorios de origen.

Sin embargo, no son muchos los miembros de la tribu que sienten que algo va mal, que viven en un mundo cerrado lleno de tabúes y contradicciones y, en consecuencia, son muy pocos los que están listos para cambiar ese estado de cosas, al menos en sus propias vidas. Podemos decir que es la extrañeza el motor que empuja a un puñado de individuos a buscar la causa del malestar que sienten. Están dispuestos a indagar hasta descubrir si el mundo es realmente tan pequeño y estrecho como los influyentes de la tribu intentan hacer creer a todos.

El cuadro sigue a los pocos que han pasado del círculo A al círculo B, de la inevitabilidad de haber nacido en una determinada comunidad a la investigación; de la imma’ al ijtihad. Este es el movimiento realizado por Ayn Rand y Theodore Kaczynski. Descubrieron que para que el capitalismo funcione adecuadamente debe convertirse en un dios, o mejor dicho, en el dios. Nada debe interferir entre el capital y su objetivo, que es producir más y más hasta llegar a la súper-producción, al dios productor que exige a sus siervos la adoración absoluta. El sistema capitalista, como el socialista, exige, ante todo, el más radical ateísmo. Y ambos de hecho eran ateos radicales, ya que ambos sistemas son caras de una misma moneda –la interacción es inevitable: los elementos del capitalismo pasarán al sistema socialista de la misma manera que los elementos socialistas se deslizarán por el sistema capitalista. Este fue, y de hecho es, el caso de EE. UU. Por un lado, y por razones políticas, se da por sentado que el capitalismo debería ser el sistema económico del llamado “mundo libre”. Por otro lado, se puede observar cómo la maquinaria del capitalismo ha estado impregnada de una gran parte de la ideología socialista. Y esto es lo que tanto Ayn ​​Rand como Theodore Kaczynski denunciaron públicamente. Su punto de vista se puede resumir en la siguiente declaración: “Si el capitalismo es el sistema, entonces todo debe estar listo para que el capital actúe libremente, sin importar lo que esto signifique”. Y, por supuesto, significa que, si se necesitan guerras para la expansión del capital, esas guerras estarán justificadas. Más aún, serán “buenas” y “necesarias”. La segunda condición, pues, para establecer el capitalismo como el sistema económico de una sociedad es el “individualismo absoluto”, que en última instancia nos conduce al egoísmo absoluto. Irónicamente, si bien ambos ideólogos fundaron sus teorías sobre el más estricto ateísmo, ambos hicieron de hecho una copia fiel del teísmo y convirtieron al capitalismo en una religión radical que nos ordena sacrificar todo aquello que su dios-capital exija. Ayn Rand y Theodore Kaczynski odiaban la idea de hacer algo por los pobres o las personas menos favorecidas de una sociedad determinada. Los verdaderos héroes de esta nueva y pura sociedad capitalista serán aquellos capaces de jactarse de sus grandes logros, y lo que aquí se debe entender por “grande” es todo aquello que fortalezca al capital. El objetivo final de esos héroes será convertirse en el motor del mundo, controladores de todos los recursos y de la tecnología disponible, sin importar cómo, porque para tales ideólogos, por supuesto, el objetivo justifica los medios. Así habla John Galt: “No te preocupes por los demás, solo preocúpate por ti mismo. Tú eres el principio y el fin. Tú eres lo real, lo único que realmente existe”. Está claro que intentan purificar al capitalismo de cualquier rastro de socialismo porque el socialismo, como su contrapartida, pretende lo contrario: “El individuo no es importante en absoluto; es la sociedad el verdadero dios. Debemos compartir nuestra riqueza con los demás, sin importar cuán negligentes, perezosos o poco fiables sean. Pueden ser parásitos, pero son nuestros hermanos”. El socialismo condena el capitalismo y, por lo tanto, condena el éxito económico. En consecuencia, los ricos están bajo sospecha.

Reconciliar estos dos sistemas parece una tarea imposible. Ambos prometen el paraíso a sus conciudadanos, pero ambos han fracasado hasta ahora en cumplir su promesa. La razón principal de este fracaso es el hecho de que el motor del mundo, el motor de la historia y la economía, no es otro que Allah, sin importar cuán fuertemente podamos sentir que somos nosotros los que decidimos, damos forma a la historia y hacemos que las cosas sucedan. Después de todo, las palabras que un actor pronuncia en una película son las que el director le hace pronunciar. Por el contrario, para los ideólogos como Rand y Kaczynski, “libertad” significa sobre todo el poder de elegir. Cualquier idea de una entidad superior que los vigile se descarta vigorosamente. Sin embargo, esta no es la única razón del fracaso social-capitalista.

Hay otros dos factores que deberían mencionarse aquí. El primero es que, como se muestra en el esquema, el círculo B no tiene sentido sin el círculo C. Todos nuestros logros, sin importar cuán grandes puedan ser, producirán en nosotros frustración, ya que la muerte nos está esperando al final del corredor. Además de la muerte, hay enfermedades, injusticias y todo tipo de impedimentos, con los que estamos familiarizados, que hacen imposible establecer un paraíso en esta Tierra. Nuestras vidas no tienen ningún significado en sí mismas porque son medios, no objetivos, del mismo modo que los estudios son medios para dominar ciertas habilidades, pero no son un objetivo en sí mismos.

El problema de Ayn Rand y Theodore Kaczynski es su ateísmo, lo que les hace excluir por completo de su consideración la existencia del círculo C. Para ellos, todo termina en el círculo B, donde se construirá el paraíso capitalista. En la contrapartida socialista encontraremos el mismo escenario actuando como el negativo del capitalismo –la arenga es mucho menos atractiva: “Trabajad duro y sacrificaos por vuestro dios –la HISTORIA.

El segundo aspecto que hace que ambos sistemas fallen es que el único sistema perfecto humanamente hablando es el Islam, en el que el capitalismo (propiedad privada) se basa en la hermandad socialista (compartir parte de la riqueza). Más importante aún, no es necesario que construyamos el paraíso en la tierra porque está Ajirah, el único lugar donde se puede establecer el paraíso sin contradicciones que de hecho lo anulen. La vida de este mundo será entonces vista como un instante en una sala de espera en la que únicamente resulta importante lo más necesario.

Se podría preguntar a Ayn Rand y a Theodore Kaczynski: ¿Quién tiene más libertad, el que somete toda su vida a Allah, el Creador del universo y de nuestras propias vidas, o el que la somete al capital y a la sociedad?

Al examinar el círculo B podemos ver que se llama “círculo de relectura”. Aquí, la relectura se refiere no solo al hecho de leer algo nuevamente, sino, sobre todo, a investigar, analizar y comparar. Nos puede llevar años hacerlo. Aun así, se presentan dos posibilidades en el círculo B –llevar a cabo esta investigación con o sin determinación. Y ello se debe al hecho de que cuando investigamos y analizamos los elementos del círculo A, descubrimos que es la casta sacerdotal la que controla la tribu y su matriz. También descubrimos que el sacerdocio depende del sistema chamánico basado en el secreto, en libros misteriosos, en un lenguaje ostensiblemente sagrado, indescifrable, y en flagrantes encubrimientos. Descubrimos que el imperativo que gobierna este sacerdocio es establecer sus sociedades de supremacía y control. Ello lleva al desarrollo de los poderes tiránicos necesarios para encubrir sus desmanes. Encontramos allí el Libro que va en contra de la cultura oficial que ha cubierto nuestra fitrah. Y a través de este Libro, encontramos la objetividad de Allah como la referencia madre que expondrá el ateísmo y el poder sacerdotal ocultos detrás del humanismo y los llamados derechos humanos. Desde el círculo B podemos ver el círculo A como una matriz, como un mundo cerrado y ficticio, un escenario donde los principales factores influyentes no son, sino grotescos personajes que pretenden ser reales.

Estas deprimentes observaciones nos dejan flotando en el aire sin ninguna idea de cuál podría ser el mejor lugar para aterrizar en este territorio sin señalizaciones. Si nos falta determinación, lo más probable es que tomemos una línea regresiva y volvamos al círculo A, aunque sepamos que es irreal, falso. Sin embargo, nos ofrece seguridad, la seguridad gregaria. Allí, todo es familiar y reconocible, mientras que la geografía del círculo B es desconocida y peligrosa. En la mayoría de los casos no hay familia ni amigos ni tribu, ya que todos han quedado atrás. Nuestra tribu permanece en el círculo A y nos encontramos solos en el círculo B. Sin una fuerte determinación volveremos al círculo A pretendiendo que todo está bien, que todos esos viajes y relecturas no han sido, sino delirios de juventud. Con la ayuda de drogas, lo primero que tengamos a mano, volveremos a sentirnos cómodos dentro de la matriz y trataremos de olvidar lo que hemos visto y entendido.

Hay otro factor que intentará evitar que pasemos al círculo C –el hecho de que nuestro apego a los valores tribales nos vuelva arrogantes con respecto a todos los demás valores. Incluso si descubrimos o sospechamos que nuestra religión ha sido adulterada a lo largo de los siglos, preferiremos continuar practicándola antes que admitir que estábamos equivocados y que la religión verdadera es la de los demás. Lo que realmente cuenta es apegarse a los valores de la tribu. Hay muchos ejemplos en el Qur-an que apoyan esta noción:

(170) Cuando se les dice: “Seguid lo que Allah ha hecho descender,” dicen: “¡No haremos tal cosa! Seguiremos lo que seguían nuestros padres.” ¿Incluso si sus padres no razonaban sobre aquello que adoraban ni estaban guiados?
Sura 2 – al Baqarah

Esta aleya denuncia la actitud de las comunidades a lo largo de la historia. Hoy hay muchos musulmanes que prefieren los hábitos de su comunidad al Libro de Allah; prefieren seguir su subjetividad a la objetividad del Creador; prefieren seguir la mil-lah americana a la mi-llah de Ibrahim. Incluso están dispuestos a decir que la mi-llah americana es la verdadera mil-lah de Ibrahim. Dicen eso sin ninguna autoridad y sin argumentos sacados del Libro de Allah.

Por otro lado, si nuestra determinación es lo suficientemente fuerte a lo largo de nuestra relectura, iremos al círculo C a través de una escrupulosa elección. Podríamos decir que solo las personas dotadas de una nafs al-lawamah اللوامة pueden hacer este viaje exitosamente de principio a fin:

(2) ¡Y juro por la nafs que reconoce y siente sus faltas!
Sura 75 – al Qiyamah

Hemos abandonado el teatro sacerdotal y los valores de la cultura. Hemos analizado todos los elementos existenciales a través del ijtihad y no a través de la imitación ciega. Hemos leído el Libro y asimilado la objetividad de Allah para poder ahora reemplazar la subjetividad de nuestra nafs. Estamos listos para saltar al círculo C, la tierra de los creyentes, donde poder esperar con seguridad a la muerte, la puerta que nos permitirá entrar en el Jardín de Ajirah. Mas el viaje no ha terminado todavía.

El esquema muestra que, en la mayoría de los casos, del círculo B la gente volverá al círculo A, ya sea por falta de determinación o por arrogancia y un fuerte apego a los valores tribales. Algunos, sin embargo, logran ingresar en el círculo C a través de la válvula de salida. El círculo C, el círculo de la elección, ofrece seguridad y protección, pero no al cien por cien. Y esta es una misericordia de Allah porque en muchos casos nuestra elección ha sido errónea. Hubo sinceridad, pero no se disponía de todos los elementos para tomar la decisión correcta. Después de un tiempo, podemos tomar consciencia de este error y, a través de una línea regresiva, tomar un camino de rescate que nos lleve de vuelta al círculo B, donde podamos llevar a cabo una nueva investigación. Si esta vez tomamos la decisión correcta, volveremos al círculo C, ahora con absoluta convicción y un fuerte iman. Sin embargo, el iman no es algo estable. Puede hacerse más fuerte o más débil. Dependerá de nuestra mil-lah, de nuestra forma de vida. Hasta que llegue la muerte corremos el peligro de volver al círculo B e incluso al A, por ello debemos estar muy vigilantes hasta el final.

Como podemos ver en el esquema, incluso las personas que vuelven al círculo A desde el círculo C y hacen del fuego del infierno su destino final, pueden escapar tomando la línea de rescate y pasando al círculo B, desde donde podrán saltar al círculo C y hacer del Jardín su última morada. Hasta el último momento habrá puertas abiertas y líneas de rescate.

Pasar del círculo A al círculo C y al jardín eterno nunca será una tarea fácil. Es cierto que hay canales de rescate, pero no servirán de nada sin una fuerte determinación, si no logramos desapegarnos de los valores de la comunidad, y preferimos seguir nuestra subjetividad en lugar de adaptarla a la objetividad de Allah el Altísimo.

(186) Tened por seguro que os pondremos a prueba con vuestra riqueza y con vosotros mismos. Y oiréis palabras perturbadoras de los que recibieron el Kitab antes que vosotros y de los idólatras. Mas no penséis que es fácil resistir, pues para ello se necesita
una fuerte determinación.
Sura 3 – ali ‘Imran

En resumen, tenemos el círculo A, el círculo inevitable en el que todos nacemos y crecemos. En este círculo absorbemos la mil-lah y los valores de nuestra tribu tan intensamente que se convierten en la verdad universal. Nos sentimos protegidos y todo lo que nos rodea nos resulta familiar. Desgraciadamente, este círculo es la morada en la que permanece la mayoría de la gente toda su vida. Sin embargo, algunos logran salir de él y pasar al círculo B, en el que releerán hasta encontrar la verdad. Muchos de ellos, empero, regresarán al círculo A debido a la falta de determinación o al arrogante apego a sus valores tribales. Otros, muy pocos, tendrán suficiente determinación para continuar su búsqueda y saltar al círculo C, el lugar que han elegido como su destino final. Esta búsqueda solo puede terminar con la muerte. Hasta ese instante, los movimientos entre los círculos son posibles de una manera positiva o negativa. Hay líneas regresivas que nos pueden llevar del círculo C al círculo A, y hay líneas de rescate que nos pueden sacar del círculo A y llevarnos al círculo C.

Este esquema nos puede servir a modo de plantilla para entender en qué punto exactamente está la gente, en qué nivel, en qué etapa –A, B o C. Si están en el círculo A no hay posibilidad de da’wa, porque en lo que a ellos respecta nada puede ser mejor que sus valores, sus hábitos, su religión; sin que nada de todo eso haya sido cribado por el ijtihad, sin ningún análisis o relectura. Si están en el círculo B el da’wa será posible, ya que se encuentran, precisamente, en situación de búsqueda y por ello están abiertos a nuevas ideas o nuevas interpretaciones. Sin embargo, la falta de determinación o el arrogante apego a los valores tribales pueden hacer que les sea imposible reconocer la verdad o aceptarla cuando la escuchan.

Finalmente, las personas en el círculo C pueden haber tomado la decisión incorrecta. En este caso estarán mucho más dispuestos a aceptar la verdad que las personas del círculo B debido a su fuerte determinación. Durante su viaje de búsqueda se han purificado y fortalecido más que las personas en el círculo B.

Podemos concluir diciendo que la mayoría de los conflictos a los que se enfrenta el hombre en sus sociedades se deben al hecho de que las personas tratan de comunicarse y relacionarse desde diferentes círculos y, por lo tanto, tienen actitudes completamente enfrentadas. En todo momento debemos tener en cuenta a qué círculo pertenece la persona con la que hablamos o establecemos un tipo de comunicación. Si hablamos con una persona que afirma ser religiosa, pero su religión está anclada en el círculo A, estaremos ante una persona que sigue a ciegas un camino espiritual lleno de supersticiones y dogmas impuestos por los sacerdotes-chamanes de su comunidad. Del mismo modo, podríamos tratar con alguien que dice ser ateo, pero su ateísmo es el producto de seguir ciegamente una moda intelectual. En ambos casos, la comunicación será imposible. Por otra parte, si las personas que afirman ser religiosas o ateas han llegado a esa posición a través del ijtihad, la comunicación será posible y probablemente fructífera, ya que quieren saber la verdad y están dispuestos a escucharla.

Otro punto importante surge cuando consideramos cómo se desarrolla la vida en el círculo C. A simple vista no habrá una gran diferencia con la vida en el círculo A –valores inamovibles, convicciones profundamente enraizadas y un cierto orgullo. Parecerá que hemos regresado al círculo A. Sin embargo, hay una diferencia radical –en el círculo A simplemente seguimos, hay imma’, mientras que nuestro salto al círculo C se ha llevado a cabo a través de ijtihad, a través de una elección cuidadosa miles de veces examinada y comprobada. No es una decisión ciega, sino una decisión que proviene de la investigación.

Por lo tanto, podemos afirmar que el círculo C es el Círculo A basado en la fitrah y no en la cultura; basado en el ijtihad y no en la imma’, que es imitación ciega; basado en el Libro de Allah, el último, el que no ha sido alterado de ninguna manera, y no en suposiciones o libros escritos por hombres; basado en la objetividad de Allah y no en la subjetividad de la nafs.

Incluso si el círculo A y el circulo C pueden parecer similares, hay una diferencia radical entre ellos, tan radical como la diferencia entre morar eternamente en el Jardín o en el fuego del infierno. Y nuevamente la elección es nuestra.

Los tres círculos no son territorios específicos a los que podamos ir físicamente, sino más bien niveles de consciencia. El asunto no es como se presenta en algunas películas de ciencia ficción donde la realidad está en un lugar determinado, en una ciudad o en una isla, en el que podamos habitar escapándonos de la falsedad reinante en otro lugar, en otra ciudad o en otra isla. Solo hay un lugar, este mundo perceptible, y todo lo que existe está en él. La realidad y la falsedad son percepciones. Todos vivimos en el mismo lugar, pero a diferentes niveles de consciencia. Y estos niveles de consciencia nos proporcionan diferentes niveles de comprensión y guía, y al mismo tiempo diferentes niveles de libertad a través de los cuales poder desarrollar nuestras potencialidades y así liberarnos de la esclavitud de la imitación ciega, de una vida hundida en la más absoluta inconsciencia.