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EL DESTINO FLUYE EN ÓRBITAS

T  E  X  T  O

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I-LAS ÓRBITAS

Cada astro en el universo se mueve siguiendo rutas bien delimitadas que podemos llamar “órbitas”. Y lo mismo vale para los destinos humanos. Nuestro carácter, nuestra personalidad, nuestras capacidades, nuestras peculiaridades… rastrean nuestras órbitas en las que todos estos elementos de nuestra nafs se desarrollarán en armonía. Por otro lado, tratar de salir de ellas, las más acordes a nuestra estructura psicológica, para introducirnos en otras cuyo giro no se adecua a nuestro destino, no traerá, sino conflictos y, finalmente, destrucción.

Veamos un ejemplo. Alguien comienza un negocio de fabricación de juguetes y pocos años más tarde se ha convertido en rico comerciante al frente de una próspera e innovadora empresa. Este hecho le hace creer que tiene mano para los negocios. Esta convicción le anima a abrir una cadena de heladerías. Realiza una fuerte inversión, pues está seguro de que funcionará y quiere comenzar su nuevo negocio en el mejor estilo y con la más alta calidad. Después de un año, sin embargo, se da cuenta de que no fue una buena idea. No está seguro de la razón por la cual no ha funcionado –sus locales están situados en los lugares más estratégicos de la ciudad y sus helados se ajustan a la estricta ley del mercado “máxima calidad al mejor precio”. No obstante, la realidad no se está adecuando a esos principios y, de hecho, cada mes tiene pérdidas. Si decidiese contratar a una empresa especializada en estudios de mercado, probablemente le darían al cabo de un tiempo un abultado dossier en el que se les explicarían detalladamente los motivos de su fracaso. Sin embargo, la verdadera razón es que su órbita no es la órbita de los negocios. En su órbita real, se le permitió fabricar juguetes como condición para desarrollar otras actividades, como la promoción de instituciones educativas que sus hijos desarrollarán en un futuro o patrocinar libros de interés general. Esta era su órbita, pero pensó que su éxito en la fabricación de juguetes se debía a su genialidad para los negocios.

Si vamos al Cuadro 1, encontraremos órbitas específicas en las que las personas pueden clasificarse –orbitas de comercio, órbitas militares, de educación y, por supuesto, muchas otras que no se mencionan, como la órbita de la artesanía y la política. Algunas personas pertenecen a una de estas órbitas al 100% y si se les permite entrar en ellas, no solo serán felices desarrollando el programa de esas órbitas específicas, sino que además lo desarrollarán con gran eficacia.

No obstante, es una minoría la que se acopla 100% a su órbita. En la mayoría de los casos, ese acoplamiento es mucho más complicado, ya que los elementos existenciales se mueven en una continua interacción.

Sin duda, el factor más importante a la hora de elegir erróneamente nuestra órbita, es la cultura, la naturaleza artificial que cambia los valores de la fitrah.

El primer cambio es el del conocimiento –la cultura hace que las personas crean que el conocimiento es información y acumulación de datos, y ello les lleva a construir una red de instituciones educativas que actúan como un mero almacén de noticias sin ninguna conexión entre ellas. De esta manera se fabrican ingenieros, doctores, abogados… que construyen casas, trasplantan corazones y manejan casos judiciales. Son máquinas, robots que realizan determinadas funciones, y de los que se ha retirado o inutilizado la pieza “fuad” y su consciencia apenas es ya capaz de registrar los acontecimientos que conforman sus escenarios existenciales. Su nueva estructura de robots no les permite que aflore su fitrah y plantee las grandes preguntas que tanto inquietan al ser humano –cómo empezó la vida, el universo, para qué hemos venido a la existencia, que nos espera tras la muerte… El conocimiento no es información. Este hecho va a desembocar en el segundo cambio –las personas superiores en cualquier sociedad son los ricos, los educados (con un título universitario) y los líderes políticos. El resto de los hombres son solo sus esclavos, peones que usan para obtener más poder. Esta es la clasificación hecha por la cultura, una clasificación que todos siguen hoy al pie de la letra. “Soy carpintero, pero no quiero que mi hijo lo sea, pues los carpinteros se encuentran en los niveles más bajos de la estratificación social ordenada por la cultura. Quiero que mi hijo sea un hombre de negocios o un buen profesional con un flamante título universitario. Y si lograse descollar en la política… no creo que pueda haber mejor destino”. En este nivel de comprensión, poco importa cómo logró hacer funcionar su negocio o los medios de los que se ha servido para convertirse en una personalidad notoria en el mundo de la política. Una vez asentados en este nivel de comprensión, el fin siempre justificará los medios –estamos listos para aceptar cualquier razón de estado. El mensaje de la cultura es claro: “El éxito social justifica el uso de cualquier herramienta.

La cultura ha sacado de su órbita a millones de personas que ahora se sienten frustradas, pues el “éxito” social les ha llevado a tener que realizar trabajos que, en realidad, detestan: “Soy médico porque mi padre era médico, pero en realidad me gustaría dedicarme a las antigüedades”. La cultura ha cambiado los valores de la fitrah y este cambio comienza en la escuela –instituciones cuya finalidad no es desarrollar las capacidades y tendencias específicas de los alumnos, sino, por el contrario, uniformarles, hacer que se conviertan en fotocopias de un modelo previamente diseñado en los centros de manipulación cultural (CMC). Todo el mundo tiene que estudiar lo mismo, al mismo tiempo.

La cultura ha convertido a las instituciones educativas en lugares donde se borran todos los rastros de individualidad. A través de la moda, las personas se visten, piensan y desean las mismas cosas al mismo tiempo, al igual que lo han hecho en la escuela.

Si volvemos al cuadro 1 veremos que el éxito es el centro de todas las actividades, el objetivo principal. Pero, al mismo tiempo, vemos que este éxito es engañoso: “Soy médico, pero no soy feliz”. La felicidad, la paz y la armonía solo se logran siguiendo nuestra propia órbita.

Como vemos en la tabla 1, podemos conectarnos con otras órbitas a través de las válvulas de conexión y a través de los lugares de transferencia. Esto nos permite probar diferentes opciones hasta encontrar la más adecuada.

Al mismo tiempo, hay órbitas sin conexiones, orbitas que una vez que entremos en ellas no podremos salir o resultará tan difícil y complicado que la mayoría de las personas permanecerán allí toda su vida. Estas órbitas siempre están relacionadas con el éxito fulgurante a través de la delincuencia, la política o el espectáculo. Su éxito es engañoso, pero tan atractivo que no quieren salir de él –Premio Nobel, Óscar de Hollywood, brillante portavoz en las Naciones Unidas, dinero fácil a través de conexiones con la mafia… Pero estas son órbitas falsas que entretienen al hombre haciéndole girar alrededor de círculos viciosos. Las órbitas reales son productivas y siempre están relacionadas con la fitrah, con el sistema objetivo de Allah que tiene en cuenta nuestra condición de criaturas. Este sistema actúa como un bote que utilizamos para cruzar un río; no lo convertimos en una mansión como si fuéramos a vivir en él toda la eternidad. Simplemente lo utilizamos para llegar a la otra orilla. Es, pues, un sistema fácil, exento de complicadas elaboraciones. Cualquiera se puede servir de él. Comemos de lo que la tierra produce para nosotros, frutas, verduras, cereales y otros productos similares. También comemos del ganado y de lo que hay en los mares y océanos. La tierra, el agua y el aire nos proporcionan todo lo que necesitamos. Producimos telas y tenemos en los animales medios gratuitos de transporte.

A través de este sistema, vemos que las órbitas reales están conectadas con la agricultura, la ganadería, la artesanía, el comercio y el ejército. La educación no es una órbita en sí misma, sino una actividad que los más dotados con la capacidad de enseñar deben realizar en su tiempo libre para el beneficio social (no se debería vivir de la enseñanza). Y lo mismo vale para doctores, abogados y jueces. Hoy en día se llaman “profesiones” y muchas personas viven de ellas, pero como en el caso de la educación, estas capacidades deberían usarse para el bien público en nuestro tiempo libre y no como una forma de vida. En una sociedad sana, una sociedad sin colisiones que sigue el sistema de Allah el Altísimo rara vez se necesitarán médicos, abogados y jueces. Pero para entender este sistema debemos entender que existe Ajirah y que el propósito de esta vida es conseguir entrar en el Jardín, y no ir a la luna o fabricar teléfonos móviles.

Siguiendo el cuadro 1 podemos ver que hay órbitas que tomamos para obtener un éxito social rápido. Estas órbitas no son reales y el éxito que obtenemos a través de ellas es engañoso. Por otro lado, hay órbitas reales conectadas con nuestra fitrah y con el sistema de Allah. En este caso, hay dos posibilidades –descubrimos en nosotros una fuerte inclinación por una de ellas o, por el contrario, no sentimos una particular atracción por ninguna de ellas. En el primer caso, debemos conectarnos a esa órbita sin importar lo que la sociedad piense al respecto. En el segundo caso, deberíamos probar distintas órbitas reales a través de los lugares de transferencia hasta encontrar la que nos resulte más afín.

II-LAS LÍNEAS DEL DESTINO

Hemos visto en el capítulo anterior que hay órbitas que coinciden con nuestras capacidades, personalidad y tendencias. Pero al mismo tiempo, están las líneas de nuestro destino. Como ya hemos visto, ser carpintero es un medio y no el objetivo de nuestra vida. Nuestro objetivo es entrar en el Jardín de Ajirah. Estar en nuestra órbita nos ayudará en esta tarea, ya que habremos eliminado buena parte de los conflictos que alteran nuestra psicología y llenan de confusión nuestro paseo existencial. Para lograrlo, tendremos primero que salir de los círculos de influencia sacerdotal como vemos en el Cuadro 3. Para ello, tendremos que usar los elementos disponibles en esta existencia. Estos elementos se mencionan y definen en el Cuadro 2.

Ahora, volviendo al cuadro 3, podemos ver varios ejemplos de cómo se mueven las líneas del destino. Si tomamos el Ejemplo 1, veremos que esa línea emerge de una miríada de grupos pertenecientes al chamanismo oriental, como el budismo, el taoísmo, el hinduismo y muchos otros. Y, por supuesto, todo este chamanismo oriental está gobernado por un sistema sacerdotal y, por lo tanto, se convierte en un centro gregario. Puede haber varias razones por las cuales esta persona dejó este centro y tomó una línea de escape. Tal vez, al cabo de un tiempo de prácticas chamánicas, descubrió que no había alcanzado el estado que se le había prometido que alcanzaría; tal vez descubrió que todas esas organizaciones solo buscan dinero; o puede haber muchas otras razones, siempre conectadas con algún tipo de engaño. Lo importante ahora es que dejó ese centro gregario tratando de encontrar algo mejor, algo que pudiera llevarle a la verdad.

Como vemos en el Cuadro 3, nada más salir del centro, ha tomado una línea de fuga que le puede llevar a un punto de escape, pero como hemos visto en el Cuadro 2, estos puntos de escape pueden ser de carga positiva o negativa. Si es de carga positiva, lo llevará a un centro de relectura; pero si es de carga negativa, lo llevará a otro centro gregario o regresará a una especie de zona de inconsciencia (ghaflah). Debemos entender que esos puntos de escape son en realidad neutrales, es más bien nuestra disposición, nuestra verdadera intención las que harán que actúen de forma positiva o negativa. En el caso de la Línea 1, vemos dos posibilidades –su vía de escape lo lleva a un punto de escape negativo que lo saca del camino que le iba a conducir a un centro de relectura; o bien su línea de escape lo llevará directamente a un centro de relectura. En el primer caso, como vemos en la tabla, sale de la ruta hacia otro centro gregario o hacia las zonas de inconsciencia (ghaflah). En el segundo caso, toma un punto de fuga positivo y llega a un centro de relectura donde investigará para averiguar si todas las teorías y creencias que obtuvo en el centro gregario son ciertas. Estos centros de relectura actúan como estadios purificadores donde la persona puede deshacerse de todos los conceptos falsos que ha acumulado durante su vida. Ahora sale del centro de relectura y entra en un mecanismo de transferencia, ya que, como vemos en la Tabla 2, entrar en un centro de relectura no es suficiente –nuestras conclusiones pueden ser erróneas a medida que seguimos nuestra subjetividad. En este mecanismo de transferencia, los caminos son más claros porque estamos fuera del escenario general donde miles de caminos se entrelazan de forma laberíntica. En el mecanismo de transferencia, por el contrario, las opciones están mejor diferenciadas. Sin embargo, las fuerzas chamánicas siguen operando allí, así como las fuerzas divinas. Nuestra intención decidirá qué fuerzas influirán decisivamente en nuestra elección. En la tabla vemos que en el primer movimiento las fuerzas divinas están dirigiendo la operación, pero a medida que ingresa en un punto de intersección, un punto de influencias, le aparecen nuevas opciones, nuevos caminos y nuevas teorías. Ahora, antes de tomar una decisión, deberá pasar por un proceso de enseñanza. Necesitará la ayuda de varios indicadores y nuevamente será su intención la que lo guíe a través de todo este laberinto. En la tabla vemos los dos posibles resultados: las fuerzas chamánicas lo sacan del camino de búsqueda hacia otro centro gregario o hacia el olvido, o son las fuerzas divinas las que lo llevan al camino acertado. En el primer caso, hay destrucción y la persona se pierde tal vez para siempre. En el segundo caso, las fuerzas divinas lo empujan hacia el camino correcto donde encontrará todos los elementos guía para alcanzar con éxito el objetivo final.