El Parlamento británico es una institución psiquiátrica, no política, que actúa eficazmente contra el estrés y la soledad

un trino

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El asunto Brexit está demostrando, entre otras cosas, que no existe Europa –de hecho nunca ha existido, no hay, pues, porqué sorprenderse.

Sin embargo, esta incongruencia semántica tiene también consecuencias crematistas. Bruselas nos cuesta a todos millones de euros al día para que al final de la jornada nos digan sus burócratas que ha llovido en Londres y que sigue imperando un tiempo excelente en las Islas Canarias. Mas cuando los asuntos reales, los que nos pueden costar una guerra, una crisis económica o una drástica devaluación de nuestros valores éticos, morales y espirituales, el Parlamento Europeo se queda vacío, las oficinas interministeriales se quedan vacías… Bruselas se queda vacía, y el triunvirato Londres-Paris-Berlín, bajo los auspicios de Washington dan comienzo a sus maquinaciones con el fin de conseguir pingües beneficios invadiendo este país, atacando a ese otro o provocando un golpe de estado en el de más allá. Después viene la retórica de siempre –había que salvaguardar la democracia – Europa estará siempre del lado de los oprimidos… o declaraciones tan vomitivas como: “Nos resultaba intolerable ver a morir a más niños”. Las Naciones Unidas, en estos casos, guardan un diplomático silencio que, obviamente, otorga. Al día siguiente, todo en Bruselas vuelve a estar abierto. La prensa, que desde que se fundaron los primeros periódicos no ha dejado de ser amarilla, a veces tirando al rosa y a veces al rojo fluorescente, es la encargada de enturbiar las aguas por si algún despistado intenta seguir el hilo de los acontecimientos.

El caso Brexit, no obstante, ha desvelado el subrepticio intento del tándem Londres-Washington de desestabilizar a la UE, e incluso de acabar con ella. La maquinación les ha salido mal, pues en este caso el despistado ha sido Macron y por poco no le cuesta la silla Luis XV en la que se sienta cada mañana y se pregunta angustioso ¿qué haría en su lugar Luis XV? En cuanto a Luis XVI prefiere ni acordarse del suceso. La idea, el plan, era que Francia se sumase al Brexit de forma algo más disimulada, una especie de Frexit no declarado en una primera fase con el objetivo de otorgar de nuevo al Club Winston (Paris-London-New York) su papel histórico. De esta forma Europa desaparecía de facto, Alemania quedaba aislada como un poder económico fácil de manipular, y Rusia y China, recibiendo sanciones diariamente, quedarían relegadas a un tercer plano, el plano de la subsistencia. Mas nunca las cosas salen a pedir de boca y ahí está Macron, más XVI que XV, pidiendo un ejército europeo y hablando del eje franco-alemán como solución a todos los problema del mundo.

Ahora, este eje se ha vuelto contra UK y su Brexit, y la ecuación Winston vuelve a estar desequilibrada.

El problema, no obstante, dista mucho de ser político en el sentido actual de la palabra. El verdadero problema es que todas las decisiones que se toman en los parlamentos o en los palacios o en las sedes de inteligencia, están descontextualizadas –lo que eran medios se han convertido en fines. Mas cuando un medio se convierte en fin, deja de tener sentido, se vuelve absurdo y, de esta forma, la política en general degenera en diálogos de locos, de gente poseída, y los parlamentos en psiquiátricos en los que gastar adrenalina.

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El contexto en el que se proponen ideas, teorías, soluciones, cambios o alianzas, debe ser siempre existencial. Cuando vemos a T. May dirigirse a sus colegas o a su patético oponente J. Corbyn, que no sabe qué hacer para sentarse al otro lado de la mesa, nos parece ver a robots o muñecos, entidades desprovistas de consciencia, actores que han perdido su identidad y han asumido la de los personajes que representan.

¿Dentro de qué contexto se presenta el Brexit? ¿Cómo lo relacionamos con la vida post-mortem, con Ajirah, nuestro verdadero objetivo en esta vida, en este tramo del viaje existencial? ¿No tiene que ver una cosa con otra? Muy al contrario, todas nuestras acciones, ya sean dentro de la macropolítica o de la microplítica, deben estar dirigidas al fin último –escapar del fuego y obtener el Jardín, el conocimiento, acercarnos más a lo absoluto. ¿De qué les va a servir el Brexit a May o a Corbyn cuando dentro de unos pocos años estén bajo tierra o incinerados en algún horno crematorio?

Ante el caso Venezuela, Francia y Alemania tenían la oportunidad de desligarse del tándem Londres-Washington y apoyar al gobierno legítimo y no a ese payaso-marioneta que el tándem se ha sacado de la chistera. Podían haber enseñado los dientes. No decimos el fusil de asalto europeo, pero al menos la bayoneta que en su día vaya calada en el cañón.

En todos los escenarios sólo vemos medios. El fin se ha perdido en el horizonte, en la ignorancia. Medios contra medios, medios con medios… un caos, pues ya no hay objetivos, finalidad. Todo lo que ellos denominan fines siguen siendo medios.

La descontextualización de nuestras acciones tiene graves consecuencias, ya que se ha perdido de vista el Más Allá y sólo cuenta el “beneficio”, el placer, momentáneo –guerras, invasiones, golpes de estado, boicots, destrucción… No habrá que dar cuentas a nadie de todo ello. Lo importante es estar en el lado de los vencedores, de los manipuladores, de los que ponen las trampas. Mas esa actitud es la que lleva a la perdición de países e individuos, aunque no se den cuenta.


(44) Advierte a la gente del día en que les llegue el castigo y digan los infames: “¡Señor nuestro! Retrasa este día y permítenos volver para que respondamos a Tu llamada y sigamos a los mensajeros.” ¿Acaso no proclamabais con absoluta certeza que no tendríais que rendir cuentas ni sufrir tormento alguno?
Qur-an 14 – Ibrahim