
Enemy Watch
Milad no es “biddah” (innovación). Es el día para atacar a los arrogantes judíos con misiles balísticos.
Con la llegada del 12 de Rabi al-Awwal, la fecha ampliamente aceptada del nacimiento del Profeta Muhammad, hasta la fecha histórica chiita del 17 de Rabi al-Awwal, extendemos nuestras más sinceras felicitaciones a todos los que celebran estos días benditos y recuerdan a su Mawla y Maestro, el Profeta Muhammad. Al mismo tiempo, rechazamos las voces divisivas que etiquetan a otros como «biddah» e instamos a todos a evitar y aislar tales distracciones.
Esta obsesión por etiquetar ha desviado la atención de las luchas reales, como la producción de armas y recursos para defender a la Ummah. En consecuencia, no han logrado confrontar eficazmente a Israel y sus aliados. Su hipocresía queda expuesta al normalizar las relaciones con regímenes que oprimen y matan a niños inocentes, mientras fingen defender los valores islámicos.
Los verdaderos héroes islámicos se alzan por encima de las diferencias sectarias, uniéndose para desafiar a las potencias globales —desde Obama, Kissinger, Thatcher y Trump hasta Ben Gvir— que apoyan la opresión y la explotación. Solo mediante esta unidad puede la Ummah enfrentarse a sus enemigos y proteger su tierra y su gente.
Que Allah ilumine las tumbas de líderes como el imám Jomeini, Izz ad-Din Al Qassam, el jeque Ahmad Yassin, Ragheb Harb, Saleh Arouri e Ismail Haniyeh. Que también proteja y fortalezca a los líderes vivos, como el imám Jamenei, Hasan Nasrallah, Yahya Sinwaar, Qais al-Khazali, Abdul Malik al-Hasani Hausi, Ismail Qaani y los millones de combatientes que se mantienen firmes en la resistencia.
El llamamiento del imám Jomeini a la unidad chiita-sunita, al igual que su proclamación del Día de Al-Quds, ha preservado el espíritu de resistencia. Este espíritu ha evolucionado en movimientos como «Tufan al-Aqsa», que demuestran que la firmeza, la coordinación y la fe pueden resistir los planes de los opresores. Haftah Wahdat, la Semana de la Unidad, no es solo simbólica: es un llamamiento a la acción para que los musulmanes de todo el mundo se unan en solidaridad contra la injusticia y la ocupación.
Esta unidad erradicará el extremismo, desde los takfiris y los extremistas wahabíes hasta aquellos que se esconden en las comunidades suníes y chiítas. Solo una Ummah unida puede resistir la opresión, defender sus tierras y proteger a los inocentes. Gaza es un testimonio de coraje y resistencia, un símbolo de lo que la fe y la firmeza pueden lograr, incluso contra adversidades abrumadoras.
El mundo puede intentar reprimir este espíritu, pero los sacrificios de 200.000 mártires exigen que los musulmanes superen la división. Si no es ahora, ¿cuándo? Si no pueden defender la unidad, entonces mueran con los sionistas.
Los escritos y discursos extensos no servirán de nada si no comprendemos plenamente el mensaje. La acción verdadera, la coordinación y la fe inquebrantable son las armas de los fieles. Que este Milad y la semana de unidad nos recuerden: la resistencia, la fe y la solidaridad son el camino a seguir.

SONDAS: El chiismo, en cuanto que movimiento que lidera la Resistencia del Islam, debe evitar por todos los medios que penetren en sus filas los corrosivos elementos chamánicos del sunnismo. Celebrar el nacimiento de Muhammad es una aberrante interpretación del amor de los creyentes hacia su Profeta. Se trata de introducir la Navidad en el Islam y de esta forma convertir la Profecía en una sucesión de actos folklóricos que, como tales, no pueden dejar de ser paganos.
¿Qué puede significar que los musulmanes recuerdan al Profeta en el día de su cumpleaños? Y ¿qué es lo que recuerdan de ese día, aparte de unas cuantas historias fantasiosas y chamánicas que se han ido transmitiendo de padres a hijos? ¿Acaso recordamos en ese día el gran acontecimiento del Islam? Mas ese gran acontecimiento es el Corán y el establecimiento de la Profecía como el sistema elegido por Allah para guiar a los hombres. ¿Acaso no recuerdas este hecho transcendental cada día? ¡Cuánto le gustan al hombre las celebraciones! ¡Y qué poco se interesa por el estudio y la lucha! Y podría ser que hubiéramos olvidado que esos que con más bullicio celebran este día son los que envían barcos con petróleo y armamento a Israel para que continúe sus ataques en la Franja de Gaza, en Líbano y se prepare para una gran ofensiva contra Irán y Yemen. ¿No es hora de acabar con estos altercados que tanto repugnan a la razón y a la lógica? Sigamos el ejemplo de Ibrahim, que no fue a la fiesta con sus conciudadanos. Se quedó en la ciudad y demolió a los ídolos. Era Ibrahim un gran diseñador de estrategias y no se dejaba arrastrar por la corriente de su tiempo ni por las actitudes chamánicas de su gente. Aprendamos de él. Aprendamos de los Profetas.
Sin embargo, el centro de este artículo es la unidad de los musulmanes, de chías y sunnitas -un proyecto que lleva una carga emocional más que un análisis histórico de las causas que han convertido al Islam en un cuerpo desmembrado, muerto. Para lograr esta unidad, y siempre que esté en el Plan de Allah, habrá que seguir un proceso que a su vez conllevará diferentes fases.
Tenemos un caso similar en las dos Coreas. Preguntémonos cuál de los dos líderes apoya la unificación. La respuesta es obvia: es Kim Jong-un y la población norcoreana los que desean y anhelan volver a ser una sola nación, tan fuerte y sobresaliente como lo ha venido siendo a lo largo de los milenios. Y esto es así porque Corea del Norte es soberana, independiente, con una tecnología militar propia y avanzada que desanima incluso a Estados Unidos de atacarles; mientras que Corea del Sur es una mera base militar norteamericana.
Por lo tanto, si un día los surcoreanos, recobrando plena consciencia histórica, obligasen a su gobierno a establecer una política de unificación, Corea del Sur debería, en primer lugar, deshacerse de todos los ejércitos extranjeros que hubiera en su territorio y después integrarse en Corea del Norte, pues es la Corea soberana que resiste a la presión que ejerce Occidente sobre este país, exigiéndole el desarme nuclear. Y una vez que se produjese esta integración, desaparecería también Corea del Norte, emergiendo ahora Corea -la Corea unificada, con un solo gobierno y un solo ejército.
Y el mismo proceso se debe seguir para lograr la unificación en el Islam. Los sunnís deben integrarse en el chiismo, pues es el único movimiento islámico que está luchando por la Ummah, deshaciendo sus alianzas con el sionismo y sus tentáculos occidentales. Al mismo tiempo los sunnís deberán retroceder en el tiempo hasta el califato de Uzman, rechazando su política dinástica, su política de poder terrenal. Y una vez que se haya producido esta integración, entonces desaparecerá el chiismo, estableciéndose la unidad bajo un califa custodiado por una Shura como forma de gobierno de la Ummah musulmana, una Ummah sin denominaciones.
Hace unos días leíamos la noticia de que los musulmanes sunníes de la ciudad de Lucknow, norte de India, aceptaban al ayatolá Ali Jamenei como su líder. Esta integración no será real, efectiva, si se mantienen en el sunnismo. No basta con aceptar a Ali Jamenei como su líder sin rechazar el sunnismo que es la causa de que los musulmanes estén oprimidos y humillados en sus propios países. Es el sunnismo el que cambió el califato por las dinastías, por los reinos, por las taifas, uniéndose con los enemigos del Islam para apropiarse de los territorios de otras comunidades musulmanas, como sucedió en al-Ándalus, durante las cruzadas… hasta hoy. Son los sunnís los que apoyan económica y militarmente a Israel; los que han permitido el genocidio palestino, la destrucción de Siria; y ahora exigen el desarme de la resistencia en Líbano.
Por lo tanto, como ya hemos apuntado, en una primera fase se debe abandonar el sunnismo. Y solo entonces dejará de tener sentido el chiismo. Ésta es la gran revolución interior que deben acometer los musulmanes sunnís de todo el mundo.
Los encubridores (el Eje del Mal) son aliados unos de otros. Si los creyentes no se unen como ellos, habrá desorden en la Tierra y una gran corrupción. (Corán, sura 8, aleya 73)
