Construyendo ciudades túneles en Marte

Alchemist City

¿A quién no le encanta la idea de vivir en una colonia espacial? El estudio de arquitectura Abiboo presentó recientemente un nuevo concepto para una ciudad autosuficiente en Marte llamada Nüwa. Afirman que podría construirse en 2054. Si bien eso sigue siendo futurista, es un concepto novedoso. Ubicado en un acantilado en algún lugar de Marte, Nüwa fue diseñada para la organización sin fines de lucro Mars Society como el primer asentamiento permanente en Marte.

El asentamiento vertical, que eventualmente podría albergar a un cuarto de millón de personas, se construiría en el costado de un acantilado y se construiría con materiales disponibles en Marte.

El fundador de Abiboo, Alfredo Muñoz, cree que los hábitats de Marte son más factibles en este siglo que en cualquier otro lugar como la luna.

“Los hábitats autosuficientes permanentes en la Luna serían un desafío mucho mayor, dada la falta de agua y minerales críticos”, dijo Muñoz. “Por otro lado, Mars ofrece los recursos adecuados para crear un asentamiento totalmente sostenible”.

El concepto de ciudad fue desarrollado con el grupo científico SONet, quien investigó y encontró que un acantilado de un kilómetro de altura ayudaría a proteger a los residentes de la radiación y permitiría construir una gran ciudad sin tener que construir grandes recintos.

“Nüwa resuelve todos los problemas centrales de vivir en Marte mientras crea un entorno inspirador para prosperar, arquitectónicamente rico y utilizando solo materiales locales de Marte”, dijo Muñoz.

Un sistema de túneles interconectados se perforaría en el acantilado y bajo tierra, con luz que penetraría desde los extremos del túnel del acantilado en la cara del acantilado. El área de la superficie en la parte superior del acantilado se usaría para cultivar alimentos.

SONDAS: Una vez agotados los recursos imaginativos que buscaban nuevos hallazgos interestelares –el trabajo de los astrofísicos se ha convertido en una aburrida enumeración de galaxias, planetas, estrellas, asteroides… nos ha quedado Marte como única fuente de imaginación y como única esperanza de salir de esta Tierra que hemos hecho, a pesar de su extraordinaria belleza, aborrecible.

La cárcel resulta tolerable cuando se trata de un espacio y de una situación momentáneos; si se hacen perpetuos, buscaremos escapar o, ante la imposibilidad de lograrlo, el suicidio podría ser la siguiente opción.

Para la mayoría de la gente, la vida de este mundo es la única que hay y, por ello, busca estirarla hasta rozar la inmortalidad. Mas también busca animarla, hacerla atractiva, excitante. Trabajando 8 horas al día en una fundición o sirviendo copas no parece que sea la mejor manera de pasar el tiempo. Y, sin embargo, la sociedad del bienestar no ofrece mucho más a sus votantes –incluso los viajes en yates de lujo terminan por ser aburridos. El hombre se acostumbra a todo. Hace falta, pues, más adrenalina, pero dosificada. Y eso es lo que se está haciendo con Marte –sin duda el planeta más rentable del “sistema solar”. Más, incluso, que la Luna –demasiado pequeña, quizás, demasiado gris, demasiado tranquila.

Marte puede ser ese nuevo horizonte que se abra ante nuestras perspectivas de futuro cuando todo parece haber colapsado, cuando lo único que le queda a nuestra vapuleada imaginación son distopías, apocalipsis y desolación.

¿Pero es acaso razonable pensar que un día podremos colonizar Marte, respirar su atmósfera, o crear un medio propio en el que no la necesitemos modificar? No, no es razonable, pero aquí la razón tiene poco que decir. Lo verdaderamente excitante es vivir en el proceso, diseñar ciudades, colonias, tipos de viviendas, comidas, vehículos con los que poder recorrer esa gigantesca geografía. Si todo ello se convirtiese un día en realidad, se volvería nuestra vida en Marte tan aburrida e insípida como se ha vuelto en la Tierra. Hace falta una filmación, nuevas escenas, nuevos escenarios, aunque sean imaginarios, virtuales, irrealizables. La posibilidad, por remota que sea, es lo excitante, no la realidad.

Pronto habrá sofisticados videojuegos que nos transportarán al planeta rojo, donde viviremos las más escalofriantes aventuras –sin fin, unas detrás de otras.

De esta forma, habremos olvidado por completo el viaje real existencial, el viaje que continúa tras la muerte del cuerpo físico, tras la resurrección, tras el juicio, tras el Jardín… Un viaje al conocimiento, a la comprensión… sin límites. Un viaje a la felicidad, un viaje por paisajes que ojos nunca han visto, ni intelecto ha pensado, ni imaginación ha podido imaginar. Un viaje en el que estaremos provistos de nuevos elementos cognitivos, de nuevas configuraciones que nos capacitarán para nuevas sensaciones, para nuevas percepciones.

¿Estamos realmente dispuestos a cambiar este viaje portentoso por una vida deprimente en una ciudad marciana imaginada por un simple individuo terráqueo? Pensémoslo bien, pues es nuestra eternidad lo que está en juego.