Cómo Bill Gates ha rehabilitado cuidadosamente su imagen de “Salvador de la Tecnología”.

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Tyler Durden para ZeroHedge

A millones de estadounidenses, la avalancha de historias negativas sobre Bill Gates (acusaciones de una relación adúltera con una empleada de Microsoft; su obstinada insistencia en apoyar a Jeffrey Epstein; el plan de Melinda Gates para divorciarse de él) puede haberles cogido por sorpresa. Gracias a una extensa operación de propaganda supervisada por Gates a través de la Fundación Bill y Melinda Gates, la mayor parte de la cobertura mediática de Gates ha sido abrumadoramente positiva, hasta ahora.

Esto contradice el hecho de que las críticas a Gates hayan ido en aumento desde antes del inicio de la pandemia. Aunque su aparición como el zar global de las vacunas haya provocado teorías de conspiración, la máquina manipuladora de los medios de Gates ha cambiado con éxito la narrativa para pintar a todos sus críticos como una conspiración desquiciada, ahogando las críticas que pretendían socavar el movimiento de la “vacuna abierta”, algo que ha sido revitalizado por la decisión del presidente Biden de respaldar la propuesta en la OMC de renunciar a la propiedad intelectual de las vacunas COVID.

No obstante, en el espacio de aproximadamente dos semanas, la buena imagen pública de la que Gates disfrutó durante mucho tiempo se ha evaporado en su mayor parte.

Pero como nos recuerda Bloomberg, en un extenso artículo sobre la repentina pérdida de apoyo público a Gates, éste no siempre fue tan venerado. En los primeros días, antes de preparar su maquinaria propagandística, Gates era visto como un “empollón despiadado convertido en magnate”.

De hecho, como lo cuenta Bloomberg, el interés inicial de Gates por la filantropía fue parte de un intento de blanquear su imagen después de un comportamiento bastante agresivo en la década de 1980, que incluyó apuñalar a su cofundador por la espalda mientras se sometía a un tratamiento contra el cáncer.

Es fácil olvidar que Bill Gates no siempre ha sido tan reverenciado públicamente. Durante el apogeo de la revolución de los PC, fue el despiadado lerdo convertido en magnate que trató despiadadamente a sus subordinados y supuestamente trató de recortar el capital social del cofundador de Microsoft, Paul Allen, en la empresa mientras se sometía a un tratamiento contra el cáncer a principios de la década de 1980. (Gates ha dicho que sus recuerdos de los eventos difieren de los de Allen). El software de Windows, su creación insignia, fue un desastre que frustró a millones de consumidores, y Steve Jobs se quejó de que Gates y su equipo no mostraban “vergüenza” ni “gusto” plagiando los productos de Apple. Incluso el juez que supervisó el juicio anti-monopolio contra Microsoft dijo que Gates tenía “un concepto napoleónico de sí mismo y de su empresa, una arrogancia que derivaba del poder y el éxito sin límites”. Sin embargo, en la década de 2000, el hombre más rico del mundo parecía haberse dado cuenta de que tenía que cambiar esta narrativa de ladrón-barón de Redmond, y que su riqueza podía ayudar. Dejó el cargo de director ejecutivo de Microsoft y centró su atención en lo que se convertiría en la Fundación Bill y Melinda Gates, que finalmente entregó más de 50.000 millones de dólares para luchar contra la malaria y el sida y aumentar las tasas de vacunación infantil, lo que le valió a la pareja elogios generalizados, sin mencionar la portada de “Personas del año” de 2005 de Time junto a Bono del grupo U2. Menos de una década después del juicio antimonopolio contra Microsoft, Gates estaba dando vueltas por el Capitol Hill asesorando a los legisladores sobre la competitividad tecnológica y las iniciativas de salud de Estados Unidos. “Tuve la suerte en mi trabajo de Microsoft de acumular una propiedad que valía mucho dinero”, le dijo a Charlie Rose en 2008, poco después de cambiar a un enfoque de tiempo completo en su nueva actividad filantrópica. “A Warren [Buffett] le gusta llamar a eso ‘control de la sociedad”, donde puedes decir, ya sabes, que mil personas construyan una pirámide para ti o hagan lo que quieras”.

Muy pronto, la imagen de Gates se transformaría de “tecnócrata” en “salvador”. En poco tiempo, los medios de comunicación estaban devorando sus listas de lectura de temporada, y el presidente Barack Obama le otorgaba la medalla presidencial de la libertad, el honor civil más alto de Estados Unidos.

Sin duda, estos controles masivos filantrópicos han ayudado enormemente a las poblaciones vulnerables. También han demostrado ser sorprendentemente efectivos para rehabilitar su imagen de salvador. Las buenas acciones compran buena voluntad. Sus cartas fundacionales anuales y las de Melinda se hicieron más populares que los lanzamientos de productos de Microsoft. Su charla TED de 2015 acumuló decenas de millones de visitas, sus recomendaciones de libros ocasionales fueron recibidas como el respaldo de Oprah y no pasó mucho tiempo antes de que Barack Obama le otorgara la Medalla Presidencial de la Libertad. Esto supuso algo más que una fama pasajera. La influencia de Gates en la sociedad podría influir en el discurso sobre temas críticos y controvertidos, una influencia que se ve amenazada a medida que surgen más detalles espeluznantes de su actual proceso de divorcio. Eso no sugiere que las ONG y las organizaciones sin fines de lucro dejen de aceptar su dinero. Pero, como han señalado los escépticos, si ha buscado relaciones inapropiadas con empleadas, la fundación que lleva su nombre probablemente ya no sea la defensora ideal del empoderamiento de las mujeres. Si hace años se acercó demasiado a Jeffrey Epstein, incluso después de que Epstein se declarase culpable de haber prostituido a una menor, Gates claramente no es el líder adecuado para hacer campaña contra el tráfico sexual. Quizás no sea “cancelado” por completo, pero sí podría sufrir un Ctrl-Alt-Suprimir de su posición en la cima de la moral.

Pero nada puede proteger la reputación de un multimillonario de la asociación con Jeffrey Epstein, el financiero proxeneta, junto con los informes inspirados en #MeToo sobre el “maltrato” de las empleadas de Microsoft con las que pudo haber estado involucrado sexualmente. La controversia está arruinando los planes de Gates de conseguir sus logros de la era COVID al duplicar su enfoque en el cambio climático. Acaba de publicar un nuevo libro y ha estado trabajando con otros ‘líderes mundiales’ para invertir en tecnología ecológica.

Aunque Gates hace tiempo que se alejó del mundo empresarial a favor de la filantropía, Bloomberg señala que Microsoft todavía tiene gran parte del “ADN” de Gates, al igual que el panorama tecnológico más amplio. Y aunque Gates fue una vez uno de los pocos multimillonarios que pudo salirse con la suya criticando a otros titanes de la tecnología, criticó a Silicon Valley por su santurronería “antes de que fuera genial”, imaginemos lo que ocurriría ahora si intentara pelear con, digamos, el Archimagnate Elon Musk.

Antes de que fuera genial, Gates reprendió al Valle por descuidar los espinosos problemas sociales en favor de la creación de aplicaciones y artilugios. (“Cuando te estés muriendo de malaria, supongo que mirarás hacia arriba y verás ese globo, y no estoy seguro de que pueda ayudarte”, dijo una vez, refiriéndose al Proyecto Loon de Google, que transmite Internet). Ha tratado de moderar la arrogancia del director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, quien heredó el manto del friki más odiado y, el verano pasado, reprendió a Elon Musk por hablar fuera de la escuela sobre la pandemia. Con un asterisco en el atractivo de Gates, es probable que su posición de activista tecnológico sea menos significativa. Musk, por ejemplo, ya descarta las burlas de Gates. “Billy G no es mi amante”, tuiteó Musk en julio. Imagínenos a qué recurrirá el Archiduque de Tesla si Gates se pelea con él en medio de sus escándalos dignos de un tabloide. Mientras tanto, la historia de redención de Microsoft es lo suficientemente fuerte bajo Nadella como para no necesitar el alma de Gates.

Para un hombre que ha insistido repetidamente en que no le importa su “legado”, su divorcio con Melinda probablemente empañará permanentemente su imagen pública. Una cosa está clara: pasará mucho tiempo antes de que aparezca en la portada de otra revista con Bono.

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SONDAS: Como siempre que se lee un artículo de opinión en un periódico estadounidense, no sabemos si se está intentando hundir al “acusado” en cuestión, o si se pretende resaltar sus puntos positivos y… esto con esto, y aquí no ha pasado nada –seguimos siendo la nación más vigorosa, avanzada e influyente del mundo con algunas excepciones que, en el peor de los casos, confirman la regla.

El caso Gates no es diferente. Todos los más de mil personajes involucrados en la pederastia Epstein deberían estar en la cárcel. Mas en Norteamérica, donde impera the justice for all, a los que hay que salvar para mantener la imagen del poder intacta se les juzga en los medios de comunicación, que ellos mismos controlan, y en los tribunales se demoran sus casos interminables y tediosos años, pues siempre surge algún testigo nuevo o una prueba que hasta entonces nadie había notado.

Nadie, sin embargo, está molesto por el divorcio de los Gates, pues es parte del espectáculo que conforma la vida de los estadounidenses. Por otra parte, cuando en un país el género y el sexo lo deciden los menores sin que la opinión de los padres tenga el menor peso en estas críticas decisiones, y las madres les compran penes de lana a sus hijitas de 3 años para que empiecen a sentirse chicos… es difícil imaginar que pueda escandalizarles.

Mas lo que sí ha escandalizado, frustrado y avergonzado a una escuálida y refinada parte de la sociedad norteamericana ha sido el comprobar como sus pro-hombres, sus billonarios, sus elites tecnológicas… no son, sino simples estafadores, pederastas y criminales sin escrúpulos, que no tienen otro objetivo en la vida que el de acumular riqueza y darse a las bacanales.

El vicio lo promueve el aburrimiento, la inconsciencia, la falta de una clara comprensión existencial, pues el vicio actúa como una droga en sí mismo.

Un viaje en el jet “Lolita” a la isla de Epstein, buen wiski, buena comida, jovencitas desfilando desnudas ante sus babosas miradas… le hicieron olvidar a Bill, al príncipe Andrew, a Trump… el absurdo de sus vidas. Ahora, con más de 60 años a las espaldas y un “éxito” sin precedentes, ya no les queda otra tarea a realizar que la lenta y tediosa espera a que llegue la muerte y con ella un siniestro apagón existencial. Pudo haber sido de otra forma. Esta espera pudo haber sido luminosa, esperanzadora. Mas no tenían otra guía que sus deseos, sus ambiciones mundanas, su mediocridad espiritual e intelectual. Creyeron que la tecnología les convertiría en dioses. Mas en qué Olimpo se admitiría a estos decrépitos pedófilos.

No obstante, lo más preocupante de todo es el hecho de que sean estos corruptos, sin “vergüenza” ni “gusto”, los que están haciendo campaña para que nos vacunemos, los que nos piden que confiemos en ellos, los que manejan todo este tinglado.

Ya hemos visto que saber fabricar un chip no significa que quien lo haya fabricado no sea un criminal. La tecnología no es ningún escudo contra la perversión.