Norteamérica es un país de emigrantes-invasores, no de colonos. EL CASO ANN COULTER

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Ann Coulter nació en la ciudad de Nueva York en 1961. Se crió en New Canaan, Connecticut, y en la actualidad reside en West Palm Beach, Florida. Se graduó en  historia por la Universidad de Cornell y derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan. Posteriormente, se embarcó en una carrera como asistente legal. Llegó a la fama en la década de 1990 con su ácida crítica a la administración Clinton. Su primer libro giraba alrededor del juicio político sobre Bill Clinton, y se inspiró en los informes legales que preparaba para los abogados de Paula Jones, una ex funcionaria del estado de Arkansas que demandó a Bill Clinton por acoso sexual. Al mismo tiempo Ann Coulter escribía editoriales sobre los casos legales de la familia Clinton. Hoy es conocida como autora de 12 bestseller, la mayoría contienen observaciones controvertidas. Participa en incontables entrevistas y debates televisivos. Citemos títulos de algunos de sus libros: Cómo hablar con un liberal (si tienes que hacerlo); ¡La resistencia es inútil! Cómo la izquierda que odia a Trump perdió su colectiva cabeza; ¡Adiós, America!; En Trump confiamos; Demoníaco: Cómo la mafia liberal está poniendo en peligro a los Estados Unidos; Traición liberal desde la guerra fría hasta la guerra contra el terrorismo. Ann Coulter (del partido republicano) hasta hace poco defendía la política de Donald Trump, sobre todo en cuanto a la inmigración, apoyando a capa y espada su proyecto de construcción del muro fronterizo con Méjico. No nos sorprende por lo tanto que reaccionase sacando las uñas ante la noticia de que el presidente había faltado a su promesa al abrir el gobierno sin haber obtenido los fondos que se necesitan para construir el maldito muro. La inmigración ilegal sigue siendo para Coulter el problema más grave al que ahora mismo se enfrentan los Estados Unidos (cualquiera con 8 millones de dólares de fortuna personal como la de Coulter sería de su misma opinión).

El canal Robin Hood UKIP realizó una entrevista con Ann Coulter, que en gran parte giraba, como era de esperar, alrededor del problema de la inmigración. Citamos literalmente:

ENTREVISTADOR: ¿Acaso los Estados Unidos no es un país construido precisamente en base a la inmigración? Es lo que hizo América grande…
COULTER: No, no, no… Era una de vuestras colonias, una de vuestras historias triunfales.
ENTREVISTADOR: Sus ancestros eran inmigrantes.
COULTER: Mis ancestros eran colonos. Lucharon en la Revolución americana contra vosotros. Entre ellos había alemanes, irlandeses, holandeses… No había entonces América a la que poder inmigrar. Lo que había era un montón de tribus en guerra.
ENTREVISTADOR: ¿No había gente en América?
COULTER: Había gente, pero aquello no era América. Quiero decir, no vivimos en la nación Cheroqui. Si yo viviese en la nación Cheroqui, sería inmigrante. Los Estados Unidos se formaron después de la Revolución contra vosotros.

Ann Coulter probablemente piensa, siendo escritora con muchos libros sobre las espaldas, que todo es cuestión de lenguaje, que basta decir “colonos” en vez de “invasores” y todo encaja en la supuesta historia limpia de los “colonos” anglosajones. Desde luego, no es así. Los pasajeros que llegaron a las Américas en el barco llamado Mayflower eran invasores, además de inmigrantes ilegales, y ese precisamente fue el problema. Llegaron armados, sin invitaciones que mostrar como salvoconducto. Allí donde pisaban ponían inmediatamente carteles “Propiedad privada. Prohibida la entrada.” Pero hubo algo todavía más grave. Muy pronto se pusieron manos a la obra, y la obra consistía en la exterminación sistemática de la población nativa. Lo hicieron con tal maldad y perseverancia que apenas quedaron unos cuantos supervivientes como material de estudio para los antropólogos, hijos de los “colonos” del Mayflower.

Por supuesto, los invasores querían algo más que las primeras 13 colonias. En seguida empezó la expansión hacia el sur y el oeste. Como una plaga de termitas, los invasores-inmigrantes se comían todo lo que encontraban por el camino –hombres, mujeres y niños. Más tarde se acuñaría el término “Destino Manifiesto” (Manifest Destiny) para justificar las atrocidades, las deportaciones y las matanzas. Hoy, aquellos sucesos no son, sino tema para estudios etnográficos. Aún así, los invasores convertidos en investigadores se encuentran con muchas sorpresas, como la increíble civilización de los indios Pueblo, cuyos asentamientos y ciudades serían equivalentes de la moderna Nueva York o Chicago –salvando las distancias. Un bocado difícil de tragar.

Se plantea la pregunta ¿por qué tuvo lugar el genocidio de la población nativa en la parte norte de las Américas? Si incluso hoy los Estados Unidos están casi vacíos, en el siglo XVII estaban realmente vacíos. El problema, desde luego, no pudo ser demográfico –había sitio para todos, y sigue habiendo sitio para todos. Hoy está claro que la convivencia era posible si hubiera habido respeto e intención de convivir. Si hubiera habido la más mínima curiosidad por conocer al “otro”. La prueba de ello es la buena relación que durante mucho tiempo lograron mantener los Cuáqueros con los nativos americanos.

Y sin embargo, no pudo ser. No pudo ser porque desde el principio mismo los inmigrantes-invasores tenían muy claro que su nuevo mundo iba a ser blanco, anglo-sajón y protestante, y la población nativa no cumplía con ninguna de estas condiciones. Ni siquiera bastaba ser blanco y anglo-sajón, como lo demuestra el caso de los católicos irlandeses –perseguidos y despreciados durante decenios. En muchos casos siguieron la misma suerte que los propios nativos.

Ann Coulter tiene información, pero no conocimiento. Sabe nombrar a todos los presidentes, ha leído la constitución americana, está al día de los acontecimientos políticos de su país, pero todo eso no se traduce en nada más profundo que sus bon mots y las invectivas contra los “liberales”. Desde hace mucho tiempo lo único que le preocupa es el muro fronterizo. Dice que su malestar no tiene nada que ver con el racismo, como algunos lo apuntan, pero más de una vez se le ha escapado que América no puede ser “morena”, y mucho menos musulmana, siendo Islam su segundo malestar a eliminar.

Coulter no hace ninguna diferencia entre “América” y los “Estados Unidos”. Para ella son sinónimos, lo cual constituye una prueba de que todo territorio habitado por no anglosajones blancos y protestantes debe pasar a las manos de Norteamérica o de sus paisanos del otro lado del Atlántico. Antes, según ella, en el momento de la llegada de sus ancestros, lo que había eran unas tribus en guerra. Y ¿qué otra cosa había en Europa aparte de tribus en guerra y baños continuos de sangre? Si no era por guerras, morían por hambrunas o plagas. No había pues tanta diferencia entre los “nativos” y los “europeos”, pero esto no le preocupa a Ann Coulter.

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Indios Pueblo. Templo del Sol, Pueblo Bonito, Mesa Verde

Dice nuestra escritora que no vive en la “nación Cheroqui”. Admite, pues, que no sólo había tribus, sino también naciones, que hasta hoy mismo admiran en sus subconscientes y se refleja esta admiración en los nombres que dan a sus artilugios de guerra más sofisticados –helicópteros Apache, misiles Tomahawk o los jeep Cherokee.

Ann Coulter y sus conciudadanos son emigrantes, precisamente, porque no hay nativos a los que asimilarse y, por ello, lo único que queda es una “nación de emigrantes” a la que nadie se puede asimilar si no es como emigrante –emigrantes casados con emigrantes, millones de gentes cuya única identidad es le de sus antepasados europeos (en realidad, en la mayoría de los casos una o dos generaciones, a veces ni eso como es el caso de las esposas de Trump).

Ann Coulter nació en 1961, cuando todo estaba ya hecho. No ha sido ella quien ha escrito la Declaración de Independencia ni la Constitución. No ha sido ella quien ha inventado el Colt ni el Winchester. Desde luego no ha sido ella quien ha ideado el sistema bancario ni las tarjetas de crédito. Tampoco ha sido ella quien ha diseñado la doctrina de agresión del Pentágono. Para ser breves –no ha sido ella quien ha inventado los Estados Unidos, ni tampoco quiere indagar en los orígenes, en las intenciones que los “colonos” llevaban en sus alforjas. Nunca hubo un proyecto religioso, sino satánico –construir sobre un enorme territorio una civilización atea, materialista y permisiva para el vicio, pero intransigente con la verdad. Se trataba de construir en esa tierra, ya libre de molestos nativos, el paraíso terrenal sin necesidad de esperar a la Otra Vida, de la que la mayoría albergaba serias dudas.

El proyecto consistía en organizar una enorme e inacabable fiesta, con el becerro en el centro, montado sobre una pirámide. Ninguna elite habría aceptado aquel despropósito, por ello hacía falta instaurar el sistema democrático. La democracia consiste, básicamente, en consentir que el pueblo, condenado a muerte, elija el árbol en el que lo van a colgar. Es el único sistema que bajo el nombre de “elecciones” permite gobernar a fuerzas ocultas, destructoras y perversas. Ann Coulter en principio no está de acuerdo con todo lo que promueven los “liberales” –homosexualidad, aborto, evolución, transgenerismo, guerras… sin darse cuenta de que todo eso es la inevitable consecuencia del libertinaje y la mediocridad que le han posibilitado amasar la suculenta fortuna que ostenta, la cual le permite no tener más preocupaciones en la vida que construir un muro que a ella no le va a costar un céntimo.

Para que este proyecto se pudiese realizar, la población nativa tuvo que desaparecer, y desapareció. Pero como todo pecado tiene su penitencia (nos permitimos esta observación dado que Ann Coulter en la mayoría de las entrevistas lleva una cruz de oro alrededor del cuello), resulta que ahora “hordas” de “morenos”, armados con mochilas de lona y zapatillas deportivas, están atacando la frontera sur de los Estados Unidos, intentando entrar en sus tierras –porque son SUS tierras, dear Ann, las que tus abuelos les arrebataron a punta de pistola. Y se da aquí, además, la curiosa circunstancia de que, muy al contrario de lo que los británicos afirman sobre los “conquistadores” españoles, la América Latina ES morena tirando a negro, y es así porque en la parte sur no hubo exterminio –hubo guerras, pero hubo mezcla y, por lo tanto, aceptación del “otro”. Y esa situación es, precisamente, la que tanto pánico le da a Miss Coulter.

Donald Trump, Ann Coulter y millones de otros norteamericanos quieren que los “inmigrantes” se vuelvan allí de donde han venido, pero ni una sola palabra sobre la posibilidad que sean ellos los que se vayan de vuelta allá de donde han venido. Les apoya la fuerza bruta, mas no la razón, el derecho o la justicia.

No obstante, el precio ya lo están pagando –una sociedad, la norteamericana, básicamente enferma, agresiva e ignorante. No basta, pues, con revindicar el Manifest Destiny o construir un muro. La marea morena está cubriendo los territorios occidentales y pronto las avispas (WASP –White, Anglo-Saxon, Protestant) norteamericanas y europeas tendrán que emigrar a otros parajes, y no recibirán por sus tierras, como sucede ya en Sudáfrica, ni un solo dólar.


(13) ¡Gentes –nas! Os hemos creado a partir de un varón y de una hembra y os hemos organizado en etnias y tribus para que os conozcáis unos a otros. El más noble de vosotros ante Allah es el que más en serio se toma Sus advertencias. Allah tiene el registro completo de vuestras acciones, y actúa según Su conocimiento.
Qur-an 49 – al Huyurat