De la cucaracha de Kafka a las metáforas de la NASA

un trino

araña

Después de 50 años de estar oyendo proezas cósmicas, viajes a la Luna incluidos, algo que podríamos catalogar como fantasías burguesas decimonónicas, sueños de escritores más dados a la botella y al hachís que a la reflexión científica… Después de contemplar con nuestros propios ojos, entre escépticos y maravillados, cómo se paseaban por el suelo lunar las botas astronáuticas norteamericanas, un paseo significativamente más prosaico que los paseos románticos de los poetas y que los aullidos del solitario hombre lobo… Después de aquellos prometedores años 60 y 70… llegó la desolación. Recibíamos mensajes ambiguos de la NASA, que ahora se dedicaba a hacer programas didácticos para niños, que hablaban de alienígenas, de planetas habitados en otras galaxias… y de ir a Marte. Aquella ambiciosa propuesta nos hizo olvidar la pregunta que desde el 72 nos hacíamos en nuestro interior, entre escéptico y maravillado: ¿Por qué hemos dejado de ir a la Luna? ¿Por qué no hay en nuestro satélite natural una base permanente?

Según explicaron los portavoces de esta y de aquella agencia espacial, apoyados por columnistas de este y de aquel periódico “independiente”, aquello no fue, sino un tímido paso en el largo y emocionante camino intergaláctico. En este caso, el escepticismo pudo al asombro… ¡Marte! Mas la NASA no estaba sola en este cambalache cósmico. Hollywood enseguida arrimó el hombro para levantar un sólido edificio demagógico, un verdadero matrix… la nueva religión que debería dar al traste con todas las demás. El montaje tenía su lógica –si la visión espiritual de la existencia tenía sus recursos religiosos, la visión materialista de la misma también debería tener sus prolegómenos científicos que explicasen con argumentos empíricos o hipótesis “razonables” lo mismo que trataban de explicar, biblia en mano, las castas sacerdotales.

Hollywood no sólo vio en esta nueva religión un paso más en el establecimiento del vicio y la corrupción moral como normas de conducta socialmente aceptables, sino que además y sobretodo, vio enormes beneficios en un nuevo tema cinematográfico que como el propio espacio intersideral parecía no tener límites.

Desde entonces, Hollywood no ha cesado de regalarnos con películas en las que una veinteañera con ropa bien ajustada manipula un montón de botones e interruptores, mientras informa muy preocupada al capitán de la nave de las últimas novedades: “Es realmente extraño. El flujo alfa de interposición acuántica ha dejado de interactuar con las partículas gama.” El capitán ni se inmuta, pues de sobra sabe cómo interactúan esas partículas: “Disminuye la carga de electrones y desactiva los retrospitangéricos del módulo central. Quizás así recuperemos el flujo aniótico.” Y así lo hace la veinteañera y todo vuelve a la normalidad. Vimos también a un astronauta norteamericano abandonado en Marte tras una tormenta roja. Lo vimos llorar en medio de aquella desolación desértica. No era para menos. Mas pronto se rehará y surgirá de las cenizas. Con los excrementos de sus compañeros de expedición cultivará patatas. Con esto y con aquello fabricará oxígeno e incluso logrará contactar vía no se sabe qué con la Tierra. Es un momento sublime, cósmico. Aquí la expresión largamente repetida “Houston, we have a problem” nunca ha estado más acertada. Pero entre las patatas que añadir al menú, el oxígeno y las comunicaciones con los terrícolas, la situación se va tornando de “No era tan fiero el lobo como lo pintaban” a “Un lugar perfecto para vivir”. Ahora hay que volver… A veces Hollywood va más allá de lo permitido en la ciencia-ficción y termina por convertir a la tripulación en la cucaracha de Kafka. El caso es que logra volver (imposible repetir cómo lo hizo) y lo vemos ahora en un parque cerca del cuartel general de la Agencia Espacial Estadounidense no se sabe si añorando las patatas de Franz o las cucarachas de la NASA. El mensaje, no obstante, estaba claro: “Es posible, es bueno, es conmovedor”.

No obstante, y tras unos años de filmaciones a través de las cuales nos parecía rozar lejanos planetas, asteroides llenos de agua, de vida y de misterios, encuentros fabulosos con alienígenas, unos buenos y otros malos, pero todos ellos condenados irremisiblemente a la extinción, han vuelto las preguntas que nos hacíamos en los 70 y 80 y aún se han unido a ellas muchas otras –¿Será cierto todo lo que dicen? ¿En qué punto de la realidad nos encontramos?

En las fábulas, los animales hablan y nos transmiten una cierta sabiduría, pero todos sabemos que son fábulas, que los animales no hablan ni tienen sapiencia humana. Sin embargo, en 1915 aparece publicado un libro inquietante en el que el personaje principal, Gregorio Samsa, se convierte en una especie de cucaracha. Esta vez no se trata de una fábula ni de una metáfora, todos ven que es un coleóptero repugnante y enorme que gruñe, pero que siente y razona como un humano. No sabemos qué pensar. ¿Cómo un bicho con 8 patas y dos antenas, sin cerebro, relleno de una substancia viscosa, con un cierto sistema nervioso… puede pensar, sentir, razonar, recordar, desde una perspectiva humana? No es posible, pero Kafka insiste en que es una situación real que le puede ocurrir a cualquiera. Lo dice Kafka, a quien se ha elevado al Olimpo de los dioses literarios. No puede ser un subterfugio. Ocurrió en 1915, quizás en Praga o en Viena, y muy probablemente haya ocurrido más veces en otros lugares. Lo dice Kafka, un judío de Bohemia que seguramente estaba versado en la Taurah y el Talmud y conocía bien los secretos de la estructura genética del ser humano. No obstante es difícil de tragar esta píldora. A pesar de nuestra ignorancia en microbiología, nos cuesta creer que el relato de Franz sea cierto. Por muy real que nos lo haya presentado, lo tomaremos como una metáfora existencial. También las noticias de la NASA las tomaremos como una metáfora científico-espacial de la que tan necesitada está la nueva religión –Tecnia Pronobis.

Uno de los portavoces de la NASA que hablaba en el CEE (Centro Epistemológico Espacial) en nombre de Hollywood, de la Agencia Espacial Europea, de ROSCOSMOS y de otros miembros de la curia tecniana pronobisiana, lo ha dicho alto y claro: “Aquellos fueron años difíciles. La insidiosa propaganda soviética nos obligó a deportar a cientos de miles de ciudadanos norteamericanos con tendencias comunistas. Después, la Segunda Guerra Mundial, Japón, Alemania… el mal. También entonces nos vimos obligados a deportar a unos cuantos miles de japoneses-americanos –seguridad nacional. Más tarde decidimos ir a la Luna. Mientras dedicábamos todos nuestros esfuerzos en confeccionar trajes para los astronautas, comida precintada y retretes anti-gravitatorios, los soviéticos no cesaban de fabricar más y más armas. Nos sentíamos desazonados. Y para que no nos cupiera la menor duda de que las cosas siempre pueden ir peor, ahí está la muerte de Kennedy. Aquello nos sumió en una profunda y patriótica depresión nacional. Estábamos solos, abandonados, ultrajados… y sin embargo, logramos poner los pies en el satélite. En el 72, nos encontrábamos exhaustos, arruinados, con una guerra fría calentándose cada vez más y un arsenal obsoleto, pues todos nuestros esfuerzos los habíamos dedicado a poner nuestra bandera en la Luna –fue un regalo a la humanidad. Mas olvidemos las amarguras del pasado, olvidemos los proyectos lunares. Lo que hoy presentamos a la nueva humanidad surgida de las tinieblas del pasado es algo mucho más sublime –ciudades luminosas en Marte, laboratorios en Venus, puestos fronterizos al final del sistema solar… de eso estamos hablando. Con el presidente Trump a la cabeza de esta superpotencia que es Norteamérica, como muy bien ha reconocido Putin, y con una China en continuo crecimiento demográfico (ya no saben dónde cultivar más arroz), pronto la realidad aventajará a la imaginación.”

Uno de los periodistas presentes en el acto de apertura del CEE, levantó la mano: “Sin embargo, señor portavoz, las únicas filmaciones que se nos muestran cada día son las de astronautas saliendo de sus naves o de la EEI, pero ya el teniente coronel Alexei Leonov, de la URSS, se paseó por el espacio en 1965.”

Hace una semana que dos astronautas rusos salieron al espacio para reparar unos micro agujeros en el casco de su nave Soyuz. Hasta ahora no se explican qué pudo haberlos ocasionado. Según miembros del Comité Internacional de Reparaciones Espaciales, también conocido como CIRE, han declarado, off the record, que bien podrían deberse a un ataque camuflado de extraterrestres. El arma utilizada podría haber sido un tirachinas de última generación con dirección de tiro asistida por rayos infrarrojos. Ya se sabe que los humanos son muy dados a las especulaciones.

El periodista continuó: “Recientemente hemos visto varios videos de la NASA presentando el proyecto Orion como algo extraordinario, lo más avanzado en proyectos espaciales. El ingeniero Kelly Smith fue uno de los que presentó el proyecto diciendo que Orion es la nave espacial de última generación diseñada por la NASA. Kelly nos está diciendo que antes de mandar Orion al espacio profundo se deben estudiar y analizar numerosos aspectos, algunos muy peligrosos, como fuertes radiaciones, que nos esperan ahí fuera. Nos está diciendo, con disimulado orgullo, que la primera misión no tripulada de Orion consistirá en orbitar la Tierra a una altura de 5.500 kilómetros, 15 veces más que la altura a la que orbita la EEI. ¡Demonios! ¡De qué nos está hablando! ¡5.500 kilómetros! En 1969 nos paseamos por la Luna y ahora se nos habla de que en un futuro cercano lograremos mandar una nave espacial no tripulada a 5.500 kilómetros de altura. También nos está informando del peligro que supone atravesar los cinturones Van Allen, peligro que se está eliminando gracias al escudo especial que rodeará la nave y que está diseñado para cortar esas radiaciones e impedir que dañen los instrumentos de abordo e incluso a la propia tripulación. ¿Qué escudo protector llevaba el Apolo 11? Kelly lo dice de forma aplastantemente clara: ‘Antes de mandar gente a través de esta región del espacio (5.500 k.) debemos resolver todos estos problemas.’ Nos ha presentado un dibujo explicando la tremenda temperatura (2.2000 C.) que tendrá que soportar la nave al entrar en la atmósfera de la Tierra y de cómo el escudo protector de Orion es único en su especie, ya que nunca antes se había fabricado algo así. Díganos qué está pasando. Parece como si todo realmente comenzase ahora, como si fuese ahora cuando por primera vez vamos al espacio. Kelly termina diciendo que todavía queda mucho trabajo por hacer. Incluso los paracaídas deben rediseñarse para cumplir correctamente su función en misiones tripuladas. Partimos de cero, como si nunca hubiéramos construido una aeronave capaz de penetrar el espacio profundo, capaz de llevarnos no a 5.000 Km., sino a 300.000 Km. ¿Cuál es, pues, el sentido de todos esos fantásticos titulares anunciándonos vuelos turísticos a Marte, a Venus, a los confines del universo? Titulares que hablan de agua en este asteroide y en ese satélite y en aquel planeta. ¿Qué significa “agua”? En la Tierra hay agua, ¿por qué no fabrican vida a partir del agua terrícola? En la Tierra hay atmósfera respirable para los seres humanos –¿Cuál es el sentido de tratar de generarla a 60 millones de kilómetros de nuestra casa?”

El periodista se quedó solo haciendo preguntas a una sala vacía.

No resulta difícil entender por qué la NASA prefiere hablar de viajes a Marte en vez de a la Luna. Para todos es evidente que establecer bases permanentes en nuestro satélite natural sería infinitamente más fácil y rentable que hacerlo en Marte. El hecho de que la Luna carezca de atmósfera elimina 90 por cien de los obstáculos de difícil solución cuando el proyecto se dirige al planeta rojo –no hay viento ni lluvia ni nieve. En realidad se podría construir una base de papel o de plástico. Su relativa cercanía a la Tierra permitiría estancias turísticas de una semana, viaje incluido. Las ventajas de elegir la Luna como segundo hogar para los humanos son incalculables con respecto a Marte.

Sin embargo, plantear algo así exigiría su ejecución inmediata. En realidad todo está listo, o debería estarlo. En unos meses, un año máximo, deberían comenzar los viajes a la Luna con el objetivo de ir construyendo la base o emplazamiento, los módulos, los laboratorios, las habitaciones… Imposible. Hemos perdido la tecnología, quizás nunca la hayamos tenido. Parece que los chinos sí la tienen. Acaban de estar allí, o quizás se trate del mismo juego. La solución es ir a Marte, posponer el viaje 20 años, una generación. Y cuando esa generación tenga entre 35 y 50 años, se hablará de salir del sistema solar, de llegar al extremo oeste de la galaxia. Ello exigirá otros 30 o 40 años más. Todo el mundo lo entenderá ¡Salirse del sistema solar! Otra generación. A las siguientes se les dirá que estuvimos en Marte y en Venus, pero que continuamos viaje hacia un meteorito que también se había salido del sistema solar. La última noticia es que ya se han instalado en un planeta que han bautizado con el nombre de “DiabetesX” por ser la enfermedad que acabó con la vida del jefe de la expedición, muy parecido a la Tierra, y pronto empezarán los viajes a ese y otros lugares. Ciento cincuenta años más tarde se emitirá un video que mostrará una pequeña ciudad en un planeta de una galaxia bastante lejana de la nuestra. Según el comentarista utilizaron una serie de agujeros negros (por fin se ha confirmado su existencia) en línea y varios wormholes para acortar distancias. Ya nos están preparando:

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Semana-18 Diciembre 2018

Misión Insight a Marte: la NASA logra un exitoso aterrizaje en el planeta rojo

InSight entró en la atmósfera marciana a 19.800 km por hora. Para lograr un aterrizaje exitoso, tuvo que reducir su velocidad en menos de siete minutos a solamente 8 km por hora.

¡Increíble! ¿Cómo lo habrán logrado? Así es la NASA, siempre por delante del futuro. 

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Cuando el próximo rover de la agencia espacial estadounidense llegue a Marte en 2021, buscará evidencia de vida en el pasado.

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En realidad es un viaje inútil: La cápsula sólo es capaz de transportar pasajeros a una altura de unos 60 km.

Llévame a la luna: los billetes al espacio saldrán a la venta en 2019.

 ¿Por qué entonces el titular habla de ir a la Luna? El viaje se quedará (nunca habrá tal viaje) a 240.000 kilómetros de distancia del satélite (que no es tal).

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¿Cuánto están pagando realmente los turistas de SpaceX por volar alrededor de la Luna?

Nada, no están pagando nada, porque no hay viajeros ni viaje ni tecnología. Leamos el siguiente texto de THE VERGE:

Dos misteriosos turistas del espacio dejaron un ” significativo depósito ” con SpaceX para realizar un viaje alrededor de la Luna, anunció ayer el CEO Elon Musk. Musk no dijo mucho sobre los dos pasajeros no identificados, y mucho menos la cantidad de dinero que están pagando por su viaje a la Luna.
El asunto no es tan sencillo como parece. Hay muchos factores que están involucrados en el lanzamiento de un pasajero al espacio. En primer lugar tenemos los costes obvios: la nave espacial, el cohete y el combustible. Luego están los costes menos obvios, pero igual de importantes: los años y el equipo necesario para entrenar a los astronautas, construir y mantener la plataforma de lanzamiento, pagar a las personas en el terreno al mando del control de la misión, tener planes de rescate y personal listo para ofrecer a los astronautas o a los turistas espaciales la seguridad necesaria en caso de que hubiera una emergencia. Y eso es sólo la lista pequeña.

Esos son los costes, pero ¿qué hay de la tecnología? Aquí viene:

En este momento, la NASA le paga a la agencia espacial rusa Roscosmos unos $81 millones por un billete de ida y vuelta en una cápsula Soyuz. Los últimos cinco asientos que la NASA compró fueron un poco más baratos, alrededor de $ 74.7 millones por asiento.
La razón por la cual la NASA confía en Roscosmos es porque la agencia espacial estadounidense, a partir de 2011, ha dejado de tener un vehículo propio para transportar astronautas desde la Tierra a la EEI y desde la estación a la Tierra, después de que se cerrara el programa del Transbordador Espacial.

Podríamos llenar páginas y páginas con este tipo de noticias sensacionalistas. ¿Por qué insisten en obligar a la gente a que participe de la locura espacial, del engaño espacial, de la falacia espacial?

El problema ni siquiera es si podemos ir a la Luna, a Marte o salir del sistema solar. El verdadero dilema que debemos dilucidar es por qué queremos abandonar nuestra Tierra paradisiaca para ir a lugares inhóspitos en los que respirar o beber agua supondría un esfuerzo titánico. La respuesta es relativamente sencilla:

I-Cuando no hay una acertada educación del deseo de inmortalidad que anida en todo ser humano, éste nos obliga a realizar las más absurdas y dañinas elecciones. La riqueza como los viajes intersiderales nos hacen sentir inmortales, poderosos.

II-El deseo de inmortalidad en este mundo implica siempre rebeldía –contra la muerte y contra Quien la ha diseñado y ha establecido su inevitabilidad. La ideología materialista y su principal propuesta de vivir sin Dios exigen que la Tierra sea un mero punto insignificante perdido en la inacabable vastedad del universo. No hay Dios, no hay designio ni plan ni objetivo final –somos huérfanos en un universo sin leyes morales.

III-Quienes afirman haber llegado a la Luna y anuncian los inmediatos viajes turísticos a Marte son los respetables líderes mundiales, los que se han reunido en Buenos Aires, los G20, los G8… ¿Cómo podemos siquiera imaginar que estén mintiendo? Podemos imaginarlo porque esos mismos líderes son los que fabricaron la mentira de las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein, lo que llevó a la destrucción de Iraq y a la posterior y sistemática masacre de más de 4 millones de seres humanos… Son los que montaron el 11 de septiembre y la subsecuente invasión de Afganistán… Si de alguien podemos imaginarnos que esté mintiendo, es de ellos.

IV-Si la Tierra y sus condiciones idóneas para que pueda desarrollarse en ella la vida asistida de consciencia son el producto de la casualidad contingente, entonces esa eventualidad ha tenido necesariamente que producir lugares como el nuestro por todo el universo. Es necesario encontrar a nuestros hermanos del otro lado. Y esta búsqueda bien puede dar sentido a nuestras vidas –religión materialista, objetivo existencial y esperanza de inmortalidad.

En realidad se trata de seguir a una zanahoria podrida. Suponiendo que fuera posible salir al espacio profundo y suponiendo que alguna de esas empresas aeroespaciales que anuncia vuelos turísticos tuviera la tecnología para ello, nadie podría pagar esos viajes –80 millones de dólares a la EEI y 170 millones, según ha calculado la NASA, para orbitar la Luna. Supongamos que hubiera 10 personas en el mundo capaces de pagar estas cifras y de querer arriesgar su vida, el resultado final absoluto sería el de que nadie puede salir al espacio.

La felicidad, la paz, el sosiego… sólo pueden alcanzarse en este mundo si tenemos certeza del otro, si sabemos lo que nos espera tras la muerte, si ya hemos comenzado a adquirir conocimiento real y útil.

La Tierra, el Sol, la Luna y las estrellas que adornan el cielo y nos guían en la noche. Este es nuestro universo. ¿Necesitas algo más? ¿Necesitas 7 trillones de galaxias?… Todo tan irreal como la cucaracha de Kafka.


(35) Pregúntales: “¿Hay alguna de esas entidades a las que dais poder que guíe a la verdad?” Di: “Allah guía a la verdad.” ¿Acaso quien guía a la verdad no es más digno de ser seguido que aquel que no puede guiar, a menos que él mismo reciba la guía? ¿Qué os pasa? ¿Qué forma tenéis de razonar? (36) La mayoría de ellos no siguen, sino elucubraciones, pero las elucubraciones no tienen ningún valor frente a la verdad. Allah sabe lo que hacen, y actúa en consecuencia.
Qur-an 10 – Yunus